Diez soldados israelíes han relatado ante la revista alemana Der Spiegel presuntos crímenes de guerra cometidos durante las operaciones militares en la Franja de Gaza. En testimonios publicados el 11 de octubre, los militares describieron asesinatos a ciudadanos palestinos para posteriormente registrarlos como “terroristas” , la destrucción de zonas residenciales y prácticas destinadas a presentar a las víctimas como integrantes de grupos armados.
Los testimonios recogidos y divulgados por el medio Middle East Eye ofrecen una mirada desde el interior de las fuerzas armadas israelíes sobre las órdenes recibidas y el trato desproporcionado hacia la población palestina durante la ofensiva.
Mi unidad mató a “muchos hombres desarmados”, declaró David a Der Spiegel. Según su relato, la violencia contra l a población palestina no se limitaba a incidentes aislados, sino que estaba acompañada por actitudes de venganza y discursos que justificaban el castigo colectivo. El reservista también señaló un cambio en el perfil ideológico de algunos de los militares desplegados. Según explicó, mientras que inicialmente participaban soldados israelíes laicos con un nivel educativo relativamente alto, con el avance de la guerra se incorporaron más efectivos con posiciones mesiánicas extremistas. David afirmó que algunos llegaban a interpretar los asesinatos como un “deber religioso”.
Asimismo, recordó expresiones que reclamaban exterminar a los árabes, arrasar Gaza y construir asentamientos en el territorio palestino. Según su testimonio, este tipo de discursos guardaba relación con declaraciones de figuras de la extrema derecha israelí, entre ellas los ministros Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir.
Otro de los testimonios corresponde a Yuval Green, reservista que sirvió durante aproximadamente 50 días en la 55° Brigada Paracaidista, en Khan Younis, entre finales de noviembre de 2023 y enero de 2024. Green recordó órdenes que, según relató, permitían matar incluso a menores. “Esta vez no tendremos piedad. Si un niño entra en una casa donde hay un terrorista, debemos matarlo junto con el niño”, afirmó al recordar las instrucciones recibidas. Green afirmó que sus superiores se mantuvieron “deliberadamente ambiguos” sobre a quienes se puede y no puede asesinar, lo cual permitió que “los palestinos fueran asesinados así sin más”.
Las normas del derecho internacional humanitario distinguen entre civiles y combatientes y prohíben los ataques deliberados contra la población civil. También exigen respetar los principios de distinción, proporcionalidad y precaución en las operaciones militares. La presencia de un combatiente en una zona habitada no convierte automáticamente a todos sus residentes en objetivos militares.
Las denuncias también alcanzan la destrucción de viviendas y barrios enteros. Yaakov, otro reservista que pasó alrededor de 250 días en el centro de Gaza, describió una política de tierra arrasada destinada a impedir que los palestinos pudieran regresar a sus hogares. “Mi brigada mató entre 160 y 170 personas durante los más de 80 días que estuvimos allí. Solo un hombre fue sospechoso de portar un arma”, declaró. De acuerdo con su relato, las personas fallecidas fueron registradas como terroristas pese a que, según afirmó, apenas una de ellas había sido sospechosa de llevar un arma.
Tal, otro reservista israelí entrevistado, describió las consecuencias del ataque israelí contra el hospital Nasser en Khan Younis el 25 de agosto de 2025. El ataque dejó 22 muertos, entre ellos cinco periodistas. “Cuando hay muertos o heridos, el primer intento del ejército siempre es vincularlos con Hamás. Porque si pueden decir que los fallecidos eran terroristas de Hamás, la imagen que proyecta el mundo mejora”, reveló.
El militar describió esta práctica como una forma de “incriminación post mortem”, es decir, atribuir a las víctimas una relación con grupos armados para justificar retrospectivamente su muerte.
Tal también se refirió al ataque contra periodistas y equipos de grabación. Según su testimonio, algunos soldados denominaban “cámara de Hamás” a los dispositivos que podían utilizarse para observar los movimientos en las inmediaciones de las operaciones militares. Sin embargo, sostuvo que el camarógrafo de Reuters atacado en uno de estos episodios no era un terrorista, sino un periodista que desempeñaba su labor informativa.
Los periodistas y otros profesionales de los medios de comunicación son civiles y gozan de protección frente a los ataques, salvo que participen directamente en las hostilidades durante el tiempo que dure esa participación. La utilización de una cámara o la cobertura de acontecimientos en una zona de conflicto no convierte por sí sola a una persona en un objetivo militar legítimo.
Las declaraciones recogidas por Der Spiegel se suman a las denuncias sobre el elevado número de víctimas civiles y la destrucción de infraestructura residencial en Gaza. La relevancia de estos testimonios reside, además, en que proceden de personas que participaron en las operaciones militares o tuvieron conocimiento directo de las prácticas que describen.










