Durante las últimas décadas, el mapa religioso y político de Brasil sufrió un cambio radical. Aunque el catolicismo continúa siendo la religión mayoritaria, el crecimiento de las iglesias evangélicas, particularmente de las corrientes pentecostales y neopentecostales, ha modificado no solo el panorama religioso del país, sino también su escenario electoral.
Actualmente, la comunidad evangélica en Brasil corresponde unos 47 millones de personas, representando casi alrededor del 30% de la población. Esta comunidad se ha ido consolidando como un actor político central con la capacidad de influir e inclinar la balanza electoral mediante la instrumentalización de la palabra divina y el empleo de discursos alarmistas y polarizantes. En determinados sectores, los debates sobre aborto, familia, educación, seguridad o diversidad sexual se han vinculado con mensajes religiosos capaces de movilizar políticamente a los creyentes.
Uno de los escenarios más evidentes de esta creciente influencia se produjo durante las elecciones presidenciales de 2018, que enfrentaron a Fernando Haddad, candidato de la izquierda, y Jair Bolsonaro, representante de la derecha. El documental Apocalipsis en los Trópicos retrata cómo determinados sectores evangélicos se convirtieron en una poderosa estructura de movilización política y electoral en favor de Bolsonaro, a través de influyentes liderazgos pastorales, medios de comunicación cristianos y extensas redes religiosas.
La cinta muestra cómo Bolsonaro construyó una estrecha alianza con estos sectores, incorporando la fe y los valores cristianos como elementos centrales de su discurso político. Al mismo tiempo, plantea una mirada crítica sobre el uso de mensajes religiosos que apelaban al miedo, la amenaza y la confrontación para movilizar al electorado, exponiendo los riesgos que surgen cuando la autoridad espiritual y la fe comienzan a ser utilizadas como herramientas de persuasión políticas.
Esta influencia se reflejó en las urnas. En la segunda vuelta de las elecciones de 2018, Bolsonaro obtuvo el 69 % de los votos válidos entre los electores evangélicos, frente al 31 % alcanzado por Fernando Haddad. Mientras el voto católico mostró una distribución más equilibrada y otros grupos religiosos y no religiosos registraron una mayor inclinación hacia Haddad, Bolsonaro consiguió una amplia ventaja dentro del electorado evangélico. Bajo consignas como “un hermano vota por un hermano”, determinados liderazgos y redes eclesiales adquirieron un papel relevante como espacios de movilización y cohesión electoral.
Tras salir victorioso durante la segunda vuelta electoral, Bolsonaro brindó un discurso altamente religioso junto con el pastor y político Magno Malta. Aquel gesto marcó un hito histórico ya que, por primera vez, un presidente ponía explícitamente su futuro mandato bajo la tutela y supervisión del ideario pentecostal. Con consignas como «Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos«, Bolsonaro logró estructurar una alianza sólida con influyentes pastores, cadenas de televisión cristianas y redes comunitarias.
En las elecciones de 2022, la contienda se redujo a un margen estrechísimo en el que Lula da Silva logró la victoria por un puñado de votos. Aunque Bolsonaro mantuvo una clara hegemonía entre los líderes de las grandes iglesias mediatizadas, la recta final mostró matices y disputas dentro de las propias bases cristianas respecto a temas socioeconómicos frente a los morales.
Ahora, a puertas de los próximos compromisos electorales, el activismo político construido durante décadas por los líderes evangélicos vuelve a posicionarse en el debate público. La pregunta ya no es si las iglesias influirán en el resultado, sino hasta que punto la fe seguirá moldeando la democracia brasileña.










