En 2015, la comunidad internacional celebró el histórico Acuerdo de París con una meta clara: evitar que el calentamiento global superara los 1,5 °C. No obstante, más de una década más tarde, las promesas quedaron cortas y el planeta ya se sitúa en unos 14 °C. Asimismo, las emisiones de gases de efecto invernadero no han cesado y los fenómenos climáticos son cada vez más frecuentes. La comunidad científica ha ido confirmando poco a poco esta problemática, a la que ahora se suma un alarmante informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
El organismo internacional señala que el planeta se dirige hacia una subida de temperatura de 1,8 °C en el mejor de los casos. En el peor escenario posible, se superarán ampliamente los 2°C. En este escenario, el informe titulado “Limiting Overshoot” (Limitando el sobrepaso) advierte que cruzar este umbral disparará riesgos globales catastróficos y que, a fin de mitigar los impactos, la comunidad internacional debe comprometerse en alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.
Global temperature rise is set to cross 1.5°C, pushing climate risks & impacts to increasingly dangerous heights, new @UNEP report warns.
— United Nations (@UN) September 2, 2026
But it’s still possible to limit, adapt to & return from higher temperatures if we take urgent #ClimateAction now.https://t.co/xv0xTj8uss pic.twitter.com/akMz47c3Qv
El PNUMA enfatiza que cada fracción de grado que se evite aumentar salvará vidas. Si las temperaturas rebasan el límite y entran en la zona de sobrepaso, las consecuencias serán extremas, permanentes e irreversibles en muchos casos. Entre los mayores riesgos se encuentra una amenaza existencial costera, debido a que el deshielo acelerado de los glaciares y el aumento del nivel del mar podrían sumergir parcial o totalmente a pequeños Estados insulares en desarrollo y ciudades costeras bajas.
Asimismo, se prevé un colapso alimentario y del agua, con proyecciones que indican una disminución de hasta un 14% en la producción mundial de alimentos para 2050 si no se implementan medidas de adaptación efectivas. A esto se sumará una crisis sanitaria mundial provocada por olas de calor más frecuentes e intensas, el aumento de enfermedades relacionadas con la desnutrición y un mayor riesgo de transmisión de patógenos que incrementarán drásticamente las muertes, todo ello acompañado por la muerte de ecosistemas debido a la pérdida acelerada de biodiversidad y la disminución crítica de los niveles de oxígeno en los océanos.
A fin de lograr que los Estados adopten firmemente los Acuerdos de París, el PNUMA exhorta a aumentar la voluntad política y fortalecer el multilateralismo a través de una respuesta global que debe abarcar tres fases interconectadas. La primera es la fase de respuesta inmediata, la cual se activa cuando las temperaturas se acercan y luego superan los 1,5°C. En este punto, el objetivo central es frenar el calentamiento rápidamente mediante reducciones drásticas de las emisiones —incluidas las de metano y otros contaminantes climáticos de corta duración— y adoptar medidas de adaptación urgentes que protejan a las personas y los ecosistemas más vulnerables.
Posteriormente se dará paso a la fase de adaptación y contención cuando las temperaturas alcancen su punto máximo; aquí se requerirá impulsar una descarbonización profunda y sostenida que logre al menos cero emisiones netas, desarrollando en paralelo la resiliencia social y gestionando al mismo tiempo los impactos y riesgos graves que se presenten.
Finalmente, la estrategia concluye con la fase de resiliencia a largo plazo, proyectada para cuando las temperaturas comiencen a disminuir y se estabilicen. En este periodo el desafío consistirá en lograr emisiones netas negativas sostenidas de dióxido de carbono (CO₂), mejorar la sostenibilidad y garantizar una adaptación duradera en aquellos lugares donde ya se hayan alcanzado límites irreversibles.
En conclusión, el informe del PNUMA deja claro que el tiempo de las promesas ha terminado y la era de las consecuencias irreversibles ya comenzó. Es en este escenario donde los países con mayor responsabilidad histórica en el cambio climático deben actuar con mayor rapidez y ambición.











