¿Estamos reconociendo, formando y acompañando plenamente a las mujeres que Dios ha llamado a servir? ¿Hasta qué punto nuestras estructuras eclesiales reconocen los dones...
¿Cómo puede ser coherente condenar una determinada forma de violencia cuando es ejercida contra nuestro propio pueblo y justificarla cuando afecta a otro pueblo?