El mundo eclesiástico ha sido testigo de un hito que redefine el mapa de la fe en el siglo XXI con la investidura de Sarah Mullally como la primera mujer Arzobispa de Inglaterra y líder espiritual de la Comunión Anglicana mundial.
Este es un evento histórico, es la primera vez en la historia moderna en que una mujer asume el rol de alta jerarquía en la Iglesia, siendo la máxima autoridad en su jurisdicción y respondiendo directamente ante el Papa León.
Este camino fue una conquista gradual de espacios que antes eran exclusivos de varones. Al respecto, Mullaly expresó su mayor agradecimiento a las mujeres y hombres que la precedieron dentro de la Iglesia y que permitieron que se de su nombramiento:
“Hoy doy gracias por todas las mujeres y los hombres… que allanaron el camino para este momento. Y a todas las mujeres que me precedieron, gracias por su apoyo y su inspiración”.
Y si bien es una noticia de actualidad, cabe señalar que esta designación no se trata de una concesión a la modernidad liberal, sino de una necesaria rectificación histórica que devuelve a la mujer el lugar que ocupó en los orígenes del cristianismo.
Ya que entre el año 30 a 33 d.C, las mujeres fueron fundamentales en el cristianismo primitivo, ejerciendo como diáconos, patronas y líderes de comunidades, aportando una contribución inigualable, siendo esenciales en la expansión de la fe.
Sin embargo, con la llegada del Imperio Romano se impusieron sus estructuras patriarcales, donde se relegaba a la mujer al ámbito doméstico, por lo cual perdieron jerarquía con el fin de legitimar a la Iglesia como institución frente al imperio.
Por lo tanto, la llegada de Mullally al solio de Canterbury es el fin de un largo paréntesis de exclusión de la mujer en la fe.
Al recuperar este liderazgo, la institución no está innovando, sino regresando a su esencia más pura, validando el rol de las mujeres. Siendo esta designación un acto de justicia hacia las diaconisas y maestras de la Iglesia primitiva cuyos nombres fueron silenciados.
Como dato no menor, la investidura se dio este 25 de marzo, día en que se celebra la Fiesta de la Anunciación, que conmemora el momento en que María recibió la noticia de que había sido elegida para ser la madre de Jesús. Siendo ahora una fecha en que se celebra a dos de las mujeres más grandes de la Iglesia.
Este sería solo el punto de partida para una mayor paridad dentro de la Iglesia, y acabar con las jerarquías que degradan a la mujer y colocan al hombre como el líder absoluto de la institución.
Y si bien, este nuevo rol no será fácil de afrontar debido a los cuestionamientos que dejó el ex arzobispo Justin Welby alrededor de los escándalos sexuales en la Iglesia, además de afrontar las divisiones ideológicas dentro de la Comunión Anglicana, sobre el rol de la mujer y la comunidad LGBTIQ.
Es así, que en medio la dificultad la figura de la nueva arzobispa emerge en una era donde la compasión y la justicia histórica se convierten en la brújula para navegar los desafíos de la iglesia moderna, reafirmando el liderazgo de las mujeres en la fe.











