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Menonitas en la Amazonía: la expansión silenciosa que está arrasando el bosque

Detrás de su organización religiosa, las colonias menonitas están impulsando una deforestación acelerada en la Amazonía. Un problema que el Estado aún lo logra frenar.

La presencia de comunidades menonitas en la Amazonía peruana ha pasado, en gran medida, desapercibida en el debate público nacional. Sin embargo, en regiones como Loreto y Ucayali, su expansión territorial y su modelo productivo vienen generando un impacto significativo sobre los ecosistemas y las comunidades locales, abriendo una discusión urgente que aún no logra instalarse en la agenda política.

¿Quiénes son los menonitas?

Los menonitas son una comunidad cristiana de origen anabaptista que se remonta a la Reforma Protestante. A lo largo del siglo XX, migraron hacia distintas regiones de América Latina en la búsqueda de territorios que les permitan mantener sus costumbres y evitar la asimilación cultural en un mundo cada vez más secularizado. Aunque principalmente se establecieron en países como Canadá, México, Belice y Bolivia, su presencia en nuestro país cada vez ha sido más intensa.  

Desde la década del 2010, distintas colonias menonitas iniciaron la adquisición de tierras en la Amazonía, en especial, en las regiones de Ucayali y Loreto. Entre las principales comunidades identificadas se encuentran Wanderland, Österreich, Providencia, Chipiar y Masisea, que han pasado de ser pequeños asentamientos a colonias con cientos de habitantes en pocos años.

Según Elena Bassi, activista del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica, la actividad agrícola de estas comunidades religiosas supone un mandato divino y una forma de vida consagrada al trabajo de la tierra. No obstante, al mismo tiempo, constituye una actividad que ha derivado a un profundo problema ambiental materializado en una acelerada deforestación, escenario en contraposición a los principios de conservación ambiental de las comunidades indígenas.

Un modelo productivo que amenaza al medio ambiente  

El principal foco de preocupación radica en el modelo agrícola que implementan estas colonias. A diferencia de otras formas de producción amazónica, los menonitas desarrollan una agricultura intensiva basada en el uso de maquinaria pesada, agroquímicos y grandes extensiones de monocultivo.

Este sistema implica la eliminación total de la cobertura forestal mediante tala y quema, una práctica que ha generado procesos acelerados de deforestación. Según reportes de Mongabay, solo entre 2017 y 2023, tres colonias menonitas en Tierra Blanca, Loreto, deforestaron cerca de 4956 hectáreas de bosque. 

Para octubre de 2024, la cifra total en las cinco principales colonias establecidas en el país alcanza aproximadamente 8660 hectáreas de bosque arrasadas, con casos particularmente críticos como la colonia Padre Márquez (Chipiar), donde se han perdido más de 2700 hectáreas.

El impacto es profundamente ambiental que afecta el equilibrio hidrobiológico de la región, reduce la biodiversidad, degrada los suelos y limita la capacidad de la Amazonia de capturar carbono, contribuyendo directamente al cambio climático.

Asimismo, la deforestación y el uso de agroquímicos han generado preocupaciones sobre la contaminación del agua, la pérdida de especies y la seguridad alimentaria, afectando directamente a pueblos indígenas que dependen del bosque no solo como recurso, sino como base de su identidad cultural.

Frente a ello, diversas comunidades han comenzado a organizar mecanismos de defensa, como guardias indígenas y procesos de capacitación legal para la defensa de sus territorios.

Vacíos legales y débil fiscalización

Bassi advierte que, a pesar de que algunas de estas colonias han adquirido tierras de manera formal, existen serios cuestionamientos sobre la legalidad de estas operaciones, especialmente cuando se superponen con territorios de ocupación ancestral indígena. Asimismo, se ha denunciado la falta de procesos de consulta previa y el incumplimiento de normativas ambientales.

En 2020, el Ministerio Público ordenó el cese de actividades de tala en algunas colonias, sin embargo, estas fueron retomadas posteriormente bajo interpretaciones cuestionadas de permisos forestales.

Una problemática fuera del radar político

A pesar de la magnitud del problema, la expansión de colonias menonitas en la Amazonía sigue siendo un tema marginal en la agenda política nacional, el cual suele no brindarle prioridad a los conflictos ambientales.

Fuente: Mongabay

El principal problema de la presencia menonita en el territorio peruano evidencia cómo una cosmovisión religiosa, al traducirse en un modelo de vida específico, puede generar impactos directos sobre los recursos naturales. En ese sentido, no es la fe en sí misma la que representa un riesgo, sino la forma en que esta se materializa en prácticas concretas sobre el territorio, sumada a la falta de regulación y fiscalización estatal que garantice la sostenibilidad de estos espacios. Cuando dicha concepción se expresa en un modelo agrícola intensivo, mecanizado y expansivo, el impacto trasciende lo cultural y se convierte en una problemática ambiental y social, comprometiendo directamente la sostenibilidad de la región.

 En un contexto de crisis climática y creciente presión sobre la Amazonía, ignorar este fenómeno no solo limita el debate público, sino que permite la consolidación de dinámicas que pueden resultar profundamente perjudiciales para el equilibrio ecológico del país.

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