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Claves de la primera entrevista de Keiko Fujimori como presidenta virtual del Perú

Entre relatos personales y llamados a la reconciliación, la entrevista buscó reconstruir su imagen pública. Las respuestas de fondo, sin embargo, siguen pendientes.

El pasado 1 de julio, Keiko Fujimori brindó su primera entrevista como presidenta electa del Perú en una conversación con el periodista y escritor Ismael Cala, tras la culminación del conteo oficial de la ONPE. Más que un espacio para desarrollar lineamientos de gobierno, la entrevista pareció orientarse a construir una imagen más personal y cercana de la lideresa de Fuerza Popular.

La construcción de una nueva imagen

A lo largo de la conversación, Fujimori priorizó un relato íntimo sobre su vida, su familia y los momentos que marcaron su trayectoria. Recordó su rol como primera dama a los 19 años, destacando los “sacrificios” que implicó asumir responsabilidades en un contexto complejo como el del terrorismo. 

En ese marco, también abordó la relación entre sus padres durante el proceso de divorcio, afirmando que contó con el respaldo de ambos para asumir ese rol. “Con el respaldo de mi mamá, asumo el rol de primera dama”, afirmó.

Fujimori fue contundente en aseverar la existencia de “narrativas y leyendas falsas creadas” destinadas a desestimar su relación con su madre. “Cuando mi papá me llama y me dice que cumpla el rol de primera dama (…) lo primero que hago es llamar a mi mamá. Ella me dice (…) sería una gran oportunidad para ti y nuestro país”, declara.

En este sentido, compartió su primera participación en un evento internacional como primera dama de la República durante la Cumbre de las Américas, donde coincidió con Hillary Clinton, su homónima de Estados Unidos. En ese espacio – según relató – intervino sobre la importancia de la educación en las políticas públicas, marcando uno de sus primeros acercamientos en la esfera política.  

Sin embargo, este relato dejó de lado aspectos más controversiales de ese periodo, como las denuncias de violencia realizadas por su madre contra su padre, evidenciando una selección cuidadosa de los episodios abordados. En su lugar, Fujimori optó por una explicación más general, señalando que “las responsabilidades los fue distanciando” y que la separación respondió a “la falta de comunicación porque el divorcio es de dos”, pero con el paso de los años, se “perdonaron, se amistaron”. Con ello, construyó una lectura más convencional del conflicto familiar, evitando profundizar en los elementos más críticos que han marcado ese episodio.  

La figura de Susana Higuchi fue presentada desde una dimensión afectiva y familiar, resaltando su carácter y su rol en la vida personal de Fujimori, mientras que el relato sobre Alberto Fujimori se centró en su legado político, descrito con orgullo y matizado únicamente con referencias generales a “errores”.

Posteriormente, el entrevistador abordó uno de los temas más sensibles al consultarle sobre el peso de ser hija de un expresidente señalado como “dictador” y “violador de derechos humanos comprobados”. Frente a ello, Fujimori sostuvo que ha aprendido a comprender el origen de estas críticas y reconoció que durante el gobierno de su padre existieron “desaciertos”. En esa línea, señaló que “en su pragmatismo, no fue tan institucional”, mencionando su “pésima relación con la prensa” y su “mala relación con los partidos políticos”.  

No obstante, su respuesta evitó referirse de manera directa a las acusaciones vinculadas a violaciones de derechos humanos durante ese periodo, particularmente aquellas asociadas a acciones del Grupo Colina, centrando su reflexión en aspectos más generales del ejercicio político de su padre.

Asimismo, apeló al legado y respaldo popular como forma de reivindicar su figura. “La mejor manera de describir lo que significó mi padre para nuestro país es la manera en cómo fue despedido”, afirmó. En ese sentido, sostuvo que “el Perú se transformó después de sus 10 años de gobierno, con errores, sin duda”, y que ese proceso dejó “un legado y un sentimiento” que ella busca capitalizar políticamente.  

“Lo que siento yo de ser la hija de Alberto Fujimori y Susana Higuchi es un profundo orgullo, satisfacción y alegría, de saber que mi padre hizo muchísimo por el país”, añadió, reafirmando una lectura positiva de su gestión y su impacto en la historia reciente del Perú. “El Perú es otro gracias a él”, afirmó.  

En relación a su gestión como presidenta del Perú, la lideresa de Fuerza Popular reafirmó que su principal objetivo es recuperar la paz en el territorio nacional a través del restablecimiento del orden frente a riesgos como la inseguridad ciudadana, y de esta manera, devolverle la confianza a la población. “Ese es mi gran reto, ese es mi gran objetivo”, afirmó.

Keiko Fujimori también reconoció que tanto ella como su partido han ejercido un importante nivel de poder político desde el Congreso, desde donde han podido “hacer leyes, representar y fiscalizar al gobierno”. No obstante, precisó que dicha labor no equivale a gobernar, en un intento por derrumbar la narrativa que la responsabiliza por la conducción política del país durante la última década.

En esa misma línea, admitió errores en la estrategia adoptada en años anteriores. “En un momento caímos en el círculo vicioso de la confrontación, pero de eso aprendimos”, señaló, sugiriendo una voluntad de cambio frente a un estilo político previamente marcado por el conflicto.

Keiko Fujimori también llegó a reconocer que ella y su partido llegaron a ostentar de poder político desde el legislativo donde han podido “hacer leyes, representar y fiscalizar el gobierno”. No obstante, rápidamente preciso que aquella labor no constituye gobernar, en un intento de derrumbar la narrativa sobre que ella ha gobernado el país durante la última década.  

En esa misma línea, admitió errores en la estrategia adoptada en años anteriores. “En un momento caímos en el círculo vicioso de la confrontación, pero de eso aprendimos”, señaló, sugiriendo una voluntad de cambio frente a un estilo político previamente marcado por el conflicto.

Cuando le consultaron sobre su baja popularidad en la población peruana, así como del problema de gobernabilidad que este escenario supondría, Fujimori defendió todos los votos que se contabilizaron en el proceso electoral y agradeció a los que votaron por ella y quienes no. En este sentido, aseveró liderar un proceso “profundo de reconciliación” a nivel nacional.  

Otro momento relevante de la entrevista fue cuando se abordó uno de los momentos más comentados durante la campaña electora de Fujimori, cuando su hija expresó vía redes sociales una postura distinta a la de su madre en relación al aborto, llegando incluso a señalar que, en determinados contextos como la violación, optaría por interrumpir el embarazo.

Frente a esta controversia, Fujimori explicó que siempre les ha enseñado a sus hijas a defender sus ideas y reconoció que tienen una “visión distinta”, pero que, pese a ello, “nos queremos y nos amamos”. Asimismo, explicó que estas diferencias ya habían sido discutidas en el entorno familiar e incluso señaló que conocía de antemano la publicación que realizaría su hija. “Dentro de las diferencias que podemos tener, podemos respetarnos y trabajar juntos”, añadió, trasladando este caso personal hacia un mensaje político más amplio.

Por otro lado, cuando se abordó su vida personal, en particular su matrimonio y posterior divorcio, Fujimori profundizó en una narrativa centrada en la resiliencia individual y la autonomía. “Yo creo que las mujeres solas podemos, no necesitamos de nadie”, afirmó, destacando la idea de fortaleza personal como eje de su experiencia.

Al referirse al proceso de separación, lo vinculó directamente con el contexto político y judicial que atravesó en los últimos años. “Nos tocó vivir momentos muy duros, me llevaron presa casi 500 días (…) yo no creo que haya matrimonio que pueda sobrevivir a eso”, señaló, en alusión a su proceso de investigación y el tiempo que pasó en prisión. En esa línea, describió el divorcio como una etapa “difícil” y “dolorosa”, aunque subrayó que la decisión se tomó para “salvaguardar la amistad” y mantener los roles parentales. “Sacando a la Keiko mujer que lloró, la Keiko amiga tiene solo gratitud”, expresó, añadiendo que actualmente mantiene una relación cordial con su expareja.

Finalmente, cerró este bloque con una frase que refuerza la construcción simbólica de su liderazgo: “Yo he decidido casarme con el Perú”.

Prioridades de su próximo gobierno

En la parte final de la entrevista, Fujimori fue consultada sobre las principales prioridades de su próximo gobierno. En ese contexto, identificó a la inseguridad ciudadana como su principal preocupación, señalando que uno de sus objetivos será “recuperar el orden” y devolver la tranquilidad al país.

Asimismo, advirtió sobre la inminente llegada del fenómeno de El Niño, destacando la necesidad de implementar desde el primer día medidas de prevención en las zonas más vulnerables. En esa línea, mencionó acciones como la limpieza de ríos, el fortalecimiento de infraestructura y la organización territorial frente a posibles lluvias intensas.

En el plano económico, enfatizó el rol de la inversión privada y planteó como eje central la promoción de la formalidad laboral mediante la eliminación de trabas burocráticas, especialmente para la micro y pequeña empresa. Entre sus propuestas, destacó la exoneración de impuestos durante los tres primeros años para este sector, como una medida orientada a dinamizar la economía.

Respecto a las zonas rurales, sostuvo que es necesario fortalecer la presencia del Estado, independientemente de la orientación del voto. “Se han sentido olvidados, que el Estado no los mira ni los escucha”, afirmó, proponiendo medidas como la construcción de reservorios, canales de irrigación y el impulso al acceso a mercados para pequeños productores.

No obstante, pese a abordar temas clave como seguridad, economía y agricultura, la entrevista dejó fuera sectores estratégicos para el país, como la minería, que no fue mencionada ni desarrollada, a pesar de ser preguntada directamente por el entrevistador.

Finalmente, aseguró y se comprometido a únicamente ocupar el cargo presidencial por cinco años. “Mi objetivo es cumplir y hacer un buen mandato de cinco años”, aseguró.

La presente entrevista ha dejado ver una faceta más “humana” y reflexiva de la lideresa de Fuerza Popular. En esa línea, todo indica que el objetivo principal no fue desarrollar a profundidad su agenda política, sino proyectar una imagen más cercana, conciliadora y confiable ante la ciudadanía, en un contexto marcado por la polarización. Sin embargo, ha dejado pendiente varias definiciones de fondo como la ausencia de respuestas concretas en temas claves como el de la minería o la omisión de aspectos más controversiales de su trayectoria evidencian los límites de este primer acercamiento. 

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