En una reciente entrevista televisiva, López Aliaga acusó abiertamente a su contrincante, Carlos Bruce, de ser un “depredador”. Lejos de tratarse de un hecho aislado, este episodio se suma a una seguidilla de ataques verbales —que semanas atrás incluyeron el uso repetido del apodo «bebita»— y evidencia cómo la discriminación y la homofobia continúan utilizándose como herramientas de agresión en la política peruana.
Durante el programa, al ser consultado directamente sobre si le molestaba o incomodaba la orientación sexual de su contrincante, Carlos Bruce, López Aliaga recurrió a declararse amigo de personas homosexuales y, por ende, no podría tener un problema con la sexualidad del candidato de Somos Perú. Sin embargo, su respuesta dio a entender que únicamente no tiene problemas con las personas de la comunidad LGBTIQ+ siempre y cuando cumplan con ciertos criterios de comportamiento que él considera aceptables.
“Yo soy muy amigo de personas homosexuales, pero no son depredadores. Gente que puede entrar a una fiesta de muchachos, en un ambiente que no le corresponde. No pues, con shorcito de cuero negro, polito negro y collar dorado. A mí no me parece bien esto, hay gente que es homosexual y no es escandalosa. No me parece que una persona mayor se meta a fiestas de chiquillos, por allí yo sí creo que tengo un punto. Una persona no debería, por elegancia, meterse a fiesta de otro grupo de gente. No me parece elegante”
Al afirmar que «hay gente que es homosexual y no es escandalosa» o al juzgar la vestimenta y los espacios de socialización de otros, el candidato impone una visión moralista que condiciona el respeto a la diversidad sexual. Esta retórica busca dividir a la comunidad entre quienes se amoldan a su estándar de discreción y quienes exceden sus límites de «elegancia», usando la moral privada como herramienta de control y exclusión.
El aspecto más grave de su intervención llegó cuando el entrevistador cuestionó directamente por qué acusaba a Bruce de ser un “depredador”. En lugar de presentar pruebas o argumentar con rigor, López Aliaga se limitó a evitar la responsabilidad de sus afirmaciones con un evasivo: “Bueno, usted investiga un poquito más”.
Asociar de manera gratuita e infundada la orientación sexual con conductas de acoso o depredación constituye un estereotipo peligroso y profundamente homofóbico que históricamente se ha empleado para criminalizar a la comunidad LGBTIQ+. Insinuar delitos o conductas indecorosas sin evidencia vulnera el derecho al honor y degrada la contienda electoral a una campaña de desprestigio personal.










