A pocos días del inicio del nuevo gobierno, la relación entre Perú e Israel comienza a consolidarse como uno de los ejes de su política exterior. El primer gesto llegó desde Jerusalén, donde el presidente israelí Isaac Herzog felicitó públicamente a Keiko Fujimori por su elección y manifestó su interés en fortalecer la cooperación bilateral.
«Debemos trabajar juntos para fortalecer las relaciones entre nuestros países», expresó el mandatario israelí, marcando el tono de una agenda que ya venía desarrollándose en distintos frentes.
El acercamiento no se limita al plano diplomático. En las últimas semanas se han sucedido reuniones y acuerdos entre instituciones peruanas e israelíes. Uno de ellos fue el convenio suscrito entre ambos países para fortalecer la cooperación en materia de ciberseguridad, un sector considerado estratégico frente al incremento de amenazas digitales y ataques a infraestructuras críticas.
En el ámbito económico, Israel también ha incrementado su interés por el mercado peruano. De acuerdo con Gestión, empresas israelíes identifican oportunidades de inversión en sectores como tecnología, agricultura, salud, tratamiento de agua y desarrollo de infraestructura. En paralelo, el sector minero aparece como otro espacio prioritario de cooperación, donde firmas israelíes promueven tecnologías destinadas a optimizar el uso del recurso hídrico en operaciones extractivas.
Las relaciones financieras también han ganado espacio. A inicios de julio, el presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, participó en una reunión junto al exgerente del Banco de Israel y representantes de otros bancos centrales latinoamericanos para intercambiar experiencias sobre estabilidad económica e innovación financiera.
El acercamiento también encuentra eco en el Congreso. La Liga de Amistad Parlamentaria Perú–Israel mantiene una agenda de actividades y reuniones con representantes diplomáticos israelíes. Diversos parlamentarios han expresado públicamente su interés en fortalecer los vínculos entre ambos países, especialmente en áreas de innovación, seguridad y desarrollo tecnológico.
Mientras tanto, la presencia israelí en el Perú también se manifiesta en el ámbito social. Cusco, particularmente el distrito de Pisac, continúa siendo uno de los principales destinos para jóvenes israelíes que recorren Sudamérica tras culminar el servicio militar obligatorio. El fenómeno, conocido popularmente como la «Ruta del Hummus», ha convertido a la localidad en un punto de encuentro para esa comunidad desde hace varios años.
Sin embargo, esa presencia también ha estado acompañada por episodios de tensión con vecinos y autoridades locales, relacionados con actividades comerciales, convivencia y orden público.
Todo este proceso ocurre en un contexto internacional especialmente sensible. La ofensiva militar israelí en Gaza ha provocado un intenso debate diplomático a nivel global.
Diversos gobiernos han reforzado su cooperación con Israel por razones estratégicas, mientras otros han optado por revisar o limitar sus relaciones a raíz de las denuncias por violaciones al derecho internacional humanitario formuladas por organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos.
América Latina tampoco ha permanecido ajena a este escenario: algunos países han endurecido su posición frente al gobierno israelí, mientras otros mantienen una política de cooperación basada en intereses económicos, tecnológicos y de seguridad.
En ese contexto, el fortalecimiento de la relación entre Perú e Israel adquiere una dimensión que trasciende lo estrictamente comercial o diplomático. Si bien la cooperación ofrece oportunidades en innovación, inversión y transferencia tecnológica, también inserta al país dentro de un escenario geopolítico cada vez más polarizado, donde las decisiones de política exterior son observadas con atención tanto por aliados como por detractores del gobierno israelí.
Más allá de los acuerdos suscritos y de los beneficios que ambas partes puedan identificar, el rumbo que adopte esta relación será uno de los aspectos a seguir durante los próximos años. En un contexto internacional marcado por tensiones crecientes, las alianzas estratégicas ya no se interpretan únicamente desde el plano económico, sino también desde el mensaje político que proyectan hacia la comunidad internacional.










