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Instrumentalización de la fe

Mujeres contra su propio derecho al voto: fe, machismo y desinformación en el conservadurismo estadounidense

Bajo discursos de espiritualidad y tradición, la Women’s Leadership Summit 2026 revela cómo el machismo internalizado conspira contra el voto de las mujeres. La preocupante agenda ultraconservadora que busca cambiar la conquista de derechos civiles por el cautiverio voluntario.

Pese a que la discusión sobre si las mujeres deberían acceder al derecho al sufragio parecía ya haber sido una conquista histórica superada en Occidente, un sector del ultra conservadurismo estadounidense ha decidido volver a cuestionarlo en pleno siglo XXI. Sin embargo, más allá de los evidentes peligros y perjuicios que estos discursos generan para el ejercicio de la democracia, el componente más desgarrador y perverso de este fenómeno es que sean mujeres con alta visibilidad pública quienes encabecen este movimiento de regresión civil. La reciente Women’s Leadership Summit 2026, organizada por la influyente organización Turning Point USA (TPUSA) en Texas, ha encendido las alarmas al abrir una ventana hacia la alarmante convergencia entre el machismo internalizado, la desinformación médica y la instrumentalización de la fe con fines de sometimiento político.

El evento, que se promocionó bajo la fachada de ser un espacio de «crecimiento personal, guía y capacitación para vivir con plenitud e intención», terminó convirtiéndose en una plataforma de adoctrinamiento para la sumisión femenina. La contradicción es hipócrita e inquietante desde el primer minuto en que se anunció a las expositoras, quienes son mujeres exitosas con carreras consolidadas, salarios corporativos y una enorme influencia pública. Ellas, se pararon sobre un escenario para exigirles al resto de su género que renuncie a su autonomía, juicio crítico, participación civil y aspiraciones profesionales.

Esta conferencia estuvo liderada por Erika Kirk, viuda del fundador del TPUSA, Charlie Kirk, quien fue asesinado en septiembre del 2025 mientras brindada un evento en la Universidad del Valle Utah. Tras su fallecimiento, Erika asumió un rol protagónico en la organización, siendo ahora la directora ejecutiva. El encuentro inició con sus palabras, donde atacó directamente las bases de la emancipación femenina al declarar que “en esencial, el feminismo es una visión del mundo que trata muchas de las cosas que hacen que las mujeres sean únicas como obstáculos que superar, en lugar de dones divinos que aceptar”. Bajo esta premisa, añadió que “esta cosmovisión da como resultado una cultura en la que la feminidad se ve como una fuerza que compite contra la masculinidad en lugar de algo que es complementario”, sintetizando su postura con la burda idea de que “el feminismo es querer hacer que las mujeres se conviertan en hombres”.

Resulta profundamente irónico que una mujer que ejerce como directora ejecutiva de una asociación de alcance internacional, cuyo trabajo es remunerado y su voz escuchada globalmente, dedique su labor a desmantelar la misma ideología que le permite estar subida en ese podio dando una opinión pública.

No obstante, el evento más polémico de la cumbre se manifestó cuando diversas participantes aseguraron abiertamente que estarían dispuestas a renunciar a la 19ª enmienda de la Constitución estadounidense, la cual prohíbe que el derecho al voto sea negado por motivos de sexo. Una de las invitadas, Alexus DeGraaf, declaró a la cadena canadiense CBC que, desde su perspectiva como cristiana, no tendría inconveniente en dejar que su esposo votara por ambos.

Esta postura se ampara en la propuesta denominada «voto por hogar», promovida activamente por el movimiento de las tradwives (esposas tradicionales), la cual plantea que el sufragio pertenezca formalmente a la unidad familiar como una sola entidad dirigida por el varón. La justificación de este despojo de derechos civiles se sostiene sobre una lectura deliberadamente errónea de la Biblia que demandaría una sumisión absoluta de la mujer hacia el hombre, tal como lo expresa sin filtros la influencer y cabeza de este movimiento, Savanna Faith Stone, al afirmar que “el hombre es el jefe de la familia, los líderes, ellos son quienes finalmente toman las decisiones, esa es mi creencia bíblica”. Para este sector, la dignidad femenina pasa por la anulación de la individualidad, reconociendo incluso que “es un sacrificio convertirte en la mujer que necesitas convertirte para atraer al hombre que deseas, y luego tú vives una vida de servidumbre y sacrificio en ese matrimonio”. Stone llega a exhibir un orgullo basado en la autodenigración al lanzar un dardo el movimiento político que ha permitido que las mujeres puedan pertenecer a la vida política: “no tengo el ego de muchas de estas mujeres para decir que todos (hombres y mujeres) deberíamos ser iguales”, afirma.

Es en este escenario donde más se puede evidenciar la instrumentalización de la fe para obtener control político y, para incluso, despreciar a la inteligencia de las mujeres. Para justificar la exclusión electoral de las mujeres, Stone utiliza un argumento sumamente irracional y desatinado busca discriminar a las mujeres en base a la biología, al afirmar que ellas “no deberían participar en la política porque utiliza nuestro instinto maternal en contra nuestra”. Según su lectura, el sistema electoral manipula la empatía femenina para beneficiar agendas progresistas: “¿Y qué les hacen a las mujeres? Consiguen que muchas de ellas voten por la izquierda, usan cosas como el aborto, usan si hablamos de inmigración ilegal e ICE, ¿qué es lo que muestran todas las fotos y videos? Familias separadas, niños deportados por ICE, así que las mujeres ven eso y piensan: ‘Oh, no, pobre niño’. Ese es el instinto maternal. Entonces van a votar por los demócratas”.  

Esta afirmación desvela que, más allá de un profundo machismo interiorizado, el movimiento se sostiene sobre una lógica abiertamente autoritaria y antidemocrática. Bajo este esquema, la diversidad de pensamiento se clasifica como una amenaza nacional y se posiciona como un peligro político que las mujeres tengan ideologías que no concuerden con la agenda republicana o, en otras palabras, con los valores religiosos tradicionales. En lugar de defender el pluralismo que sostiene a cualquier democracia, estas facciones pretenden imponer la idea totalitaria de que todas las mujeres deberían tener una única y homogénea postura política, sugiriendo de manera extrema que, si el voto femenino no converge con el conservadurismo, la solución idónea es suprimirlo. Hemos probado en los últimos 100 años que no se puede confiar en las mujeres en el campo político”, afirma.

La figura de Savanna Faith Stone no constituye únicamente una amenaza para limitar el acceso de las mujeres al sufragio, sino también a la educación. Según la influencer, la universidad no tiene “sentido” para las mujeres y afirma que es un ambiente “perjudicial para ellas”. Asimismo, promueve que una mujer debe priorizar la búsqueda de un esposo sobre su futuro profesional, llegando al extremo de justificar la infidelidad masculina bajo el manto de la devoción religiosa. Al defender el hecho de que un esposo engañe a su pareja bajo la premisa de que significaría que la mujer cometió una equivocación, recurre al blindaje espiritual afirmando que “él es muy cercano a Dios”, desplazando la responsabilidad del agresor hacia la víctima. Incluso, defiende la anulación de la libertad sexual y religiosa de las mujeres al declarar que “el consenso no existe en el matrimonio, cuando dices ‘acepto’, te estás comprometiendo a una vida de sexo”.  

Aunque en las plataformas digitales han circulado informaciones que afirman que Erika Kirk lidera una campaña formal para erradicar legalmente el sufragio femenino, la realidad de la cumbre es más matizada pero igualmente peligrosa. No existe evidencia de una solicitud legislativa expresa para eliminar el voto, pero al normalizar y validar el discurso del «voto por hogar», TPUSA está sembrando la semilla ideológica para que las propias mujeres conspiren contra sus derechos fundamentales.

Women’s Leadership Summit 2026 intenta patologizar la liberación femenina y, lejos de ser una corriente marginal, estos movimientos de extrema derecha cada vez están recibiendo mayor acogida dentro de los sectores ultraconservadores de los Estados Unidos, acumulando cientos de miles de seguidores que incluyen tanto a hombres que buscan legitimar su autoridad bajo un mandato divino, como a mujeres dispuestas a ceder su autonomía a cambio de la promesa de seguridad y orden tradicional.

Unos de los rostros más visibles de este movimiento dentro de la comunidad religiosa es el pastor Doug Wilson, fundador de la Communion of Reformed Evangelical Churches (CREC), quien promueve activamente una visión rígidamente patriarcal del hogar bajo la premisa de que el hombre debe ejercer la autoridad absoluta. Al igual que las expositoras de la cumbre, Wilson defiende con vehemencia la iniciativa del “voto por hogar”, legitimando la idea de que el sufragio individual debe ser reemplazado por la representación del jefe de familia.

Utilizar a Dios como una excusa para despojar a las ciudadanas de su derecho al voto, a la educación superior y a la soberanía sobre sus cuerpos no es espiritualidad; es una burda estrategia de manipulación política. El verdadero peligro de la Women’s Leadership Summit 2026 no es la propuesta legal inmediata, sino la creación de una cultura del autosabotaje, donde mujeres privilegiadas, protegidas por las leyes civiles y el legado histórico del feminismo que tanto repudian, usan su libertad para convencer a una nueva generación de volver voluntariamente al cautiverio.

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