Cuando en diciembre de 2016 estalló la campaña contra el enfoque de género en el Currículo Nacional de Educación Básica, pocos anticipaban su alcance. «Con Mis Hijos No Te Metas» (CMHNTM) llenó plazas en Lima y en provincias con manifestantes vestidos de rosado y celeste, convirtió la «ideología de género» en consigna nacional y catapultó a la escena pública a un puñado de dirigentes hasta entonces marginales. Fue el pico de un fenómeno que parecía imparable.
Una década después, el mapa es otro. Los rostros que encabezaron aquella movilización se dispersaron, perdieron peso propio o quedaron envueltos en polémicas, mientras un solo partido —Renovación Popular— capitalizó la agenda que ellos ayudaron a instalar.
Beatriz Mejía: mucha tribuna, ninguna urna
Abogada y una de las voceras más buscadas por los medios en los años de auge del colectivo, Mejía fue durante mucho tiempo la cara jurídica del movimiento y representante legal de «Padres en Acción». Su presencia televisiva y su beligerancia contra la «ideología de género» la volvieron figura habitual del debate público.
Esa visibilidad, sin embargo, jamás se tradujo en una victoria electoral. Postuló al Congreso en 2000 y 2001 con Somos Perú, y en 2020 encabezó la lista de Avanza País, sin resultar electa en ninguna ocasión. Su salto más alto —la precandidatura a la vicepresidencia en la plancha de Rafael López Aliaga— se desinfló cuando, en octubre de 2020, renunció públicamente a Renovación Popular. Y en la segunda vuelta de 2021 sorprendió a su propio sector al defender a Pedro Castillo, a quien describió como honesto e incapaz de cometer fraude, un giro que le costó fuertes críticas. Hoy se mantiene sobre todo como columnista del diario Expreso y no integró las listas congresales de Renovación Popular para 2026. La dirigente que tuvo todas las cámaras terminó sin ningún escaño.
Los Rosas: del púlpito a las polémicas
La familia Rosas encarnó el ala parlamentaria y vocera del movimiento. Su deriva posterior dejó en shock a buena parte de la comunidad evangélica.
El pastor y excongresista Julio Rosas Huaranga, uno de los principales impulsores de CMHNTM, terminó afiliado como militante a Podemos Perú, la agrupación del cuestionado empresario José Luna Gálvez. Su hijo, Christian Rosas, otrora vocero del colectivo, dio un giro igualmente llamativo: pasó a ejercer como asesor de causas mineras, llegó a calificar la minería ilegal de «mito», respaldó la ampliación indefinida del Reinfo e incluso invocó pasajes bíblicos para justificar su nueva postura. De referentes morales del conservadurismo cristiano, los Rosas pasaron a ser actores políticos alineados con intereses que poco tienen que ver con el discurso que un día encabezaron.
El partido que heredó la bandera: el «dream team» celeste
El vacío que dejaron los dirigentes originales lo ocupó Renovación Popular. Refundado sobre las cenizas de Solidaridad Nacional y presidido por López Aliaga, el partido se propuso ser el hogar de los conservadores y absorbió a activistas de CMHNTM y «Padres en Acción» para sus listas de 2021.
Desde el hemiciclo, el abogado Alejandro Muñante y la pastora Milagros Jáuregui se volvieron las nuevas caras del movimiento. De cara a 2026, la agrupación montó una verdadera maquinaria del «voto cristiano»: Muñante difundió una plancha de dieciséis candidatos evangélicos bajo esa consigna, y tanto él como Jáuregui fueron reelectos, esta vez con destino al Senado. En el corazón de esa operación quedó consolidado un «dream team» evangélico —Muñante, Jáuregui, Paola Martínez y Leo De Paz—, respaldado desde tarimas de iglesia y grandes eventos de culto.
No todos entraron por esa vía. Figuras como el diputado Frank Krklec comparten las mismas banderas, pero llegaron al Congreso sin el aparato publicitario evangélico detrás, prueba de que la agenda ya no depende de sus fundadores para sostenerse.
Beatriz Mejía y los Rosas pusieron el tema en la agenda nacional, sin embargo, Renovación Popular se quedó con la representación y con el capital político de todo un movimiento.











