La reciente elección de Keiko Fujimori como presidenta del Perú marca el inicio de una reconfiguración en la política exterior del país. Mientras diversos gobiernos de América Latina han endurecido sus críticas o suspendidos lazos con Tel Aviv ante la devastadora situación humanitaria en Palestina, la nueva administración peruana pareciera adoptar una postura de fortalecimiento estratégico de sus relaciones con el Estado de Israel.
Este acercamiento se hizo evidente tras la conversación telefónica entre la mandataria electa y el ministro de Relaciones Exteriores israelí, Gideon Sa’ar. El canciller israelí calificó públicamente la victoria de Fujimori como una “buena noticia” para quienes defienden la libertad y combaten el terrorismo global, delineando además una ambiciosa agenda bilateral en seguridad, gestión hídrica, ciberseguridad y tecnología agrícola.
En un gesto que demuestra el valor político de este acercamiento para la agenda peruana, Tel Aviv reiteró su respaldo al largo proceso de adhesión del Perú a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), una meta clave para la cancillería de Torre Tagle desde el año 2012. El intercambio culminó con una invitación formal para que Fujimori realice una visita de Estado a territorio israelí, consolidando lo que parece ser el inicio de una alianza estratégica prioritaria para su próximo mandato.
Fue un placer conversar con la Presidenta electa del Perú, @KeikoFujimori, y felicitarla por su victoria en las elecciones, así como felicitar al pueblo peruano con motivo del 205º aniversario de Independencia.
— Gideon Sa'ar | גדעון סער (@gidonsaar) July 14, 2026
La elección de la Presidenta Fujimori es una buena noticia para… pic.twitter.com/TaHsRtJwek
Pese a que estos saludos constituyen a gestos protocolares entre los países que mantienen relaciones diplomáticas, como es el caso del Perú con Israel, aun así, genera cuestionamientos sobre como se va a dirigir el gobierno de Keiko Fujimori hacia Israel, un Estado que se encuentra fuertemente cuestionado por cometer genocidio contra la población Palestina en la Franja de Gaza, violaciones a los derechos humanos en el sur de El Líbano y en el territorio ocupado de Cisjordania.
Hasta el momento, Perú no ha condenado directamente los ataques de Israel ni ha abordado las acusaciones del genocidio, únicamente ha condenado la violencia ejercida y exhortado a ambas partes a priorizar mecanismos de conciliación pacífica. En otras palabras, su postura ha sido pragmática al priorizar los intereses de nuestra nación al evitar un confrontamiento directo contra Israel o Palestina, no obstante, al mismo tiempo se considera de “tibia” al preferir no condenar abiertamente a Israel.
Para el próximo mandato de Fujimori, priorizar la agenda de seguridad y los beneficios económicos mediante la alianza con Israel implica, implícitamente, dar la espalda al genocidio que sigue ocurriendo en Palestina. ¿Hasta qué punto la búsqueda de pragmatismo y cooperación técnica justifica pasar por alto las imputaciones de genocidio y mantener un silencio complaciente ante los ojos del mundo?










