El excandidato presidencial de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, anunció que no asumirá el cargo de senador de la República, pese a haber sido elegido en el reciente proceso electoral. En una transmisión en vivo, el también exalcalde de Lima Metropolitana informó que renunciará al escaño y que, en su lugar, postulará como teniente alcalde en las próximas elecciones municipales.
La decisión, según explicó, responde a su rechazo al sistema electoral vigente, al que calificó como “corrupto” y “fraudista”. “He decidido no asumir el rol de senador (…) sería avalar el fraude, sería avalar la corrupción”, afirmó.
Este argumento de “coherencia” fue reiterado desde su entorno. A través de sus redes sociales, López Aliaga sostuvo que asumir el cargo implicaría validar un proceso que ha cuestionado públicamente durante semanas. “Para él, la coherencia vale más que un cargo. Jurar es validar el fraude electoral”, señala uno de sus pronunciamientos.
Sin embargo, su decisión abre una evidente contradicción: si no reconoce la legitimidad del sistema electoral, ¿por qué decide seguir participando en él como candidato a teniente alcalde?
La postulación como teniente alcalde le permitiría regresar a la Municipalidad de Lima, institución que encabezó entre 2023 y 2025, antes de renunciar para postular a la presidencia. Aunque la normativa impide la reelección inmediata como alcalde, el cargo de teniente alcalde abre una vía legal para retomar funciones en la gestión municipal.
De acuerdo con el propio López Aliaga, su intención es “acompañar” al candidato de Renovación Popular a la alcaldía, Luis Rubio, y “completar y mejorar aún más las obras” iniciadas durante su administración. No obstante, también existe la posibilidad de que termine asumiendo la alcaldía si el titular renuncia, es retirado o es vacado durante la gestión.
‼️𝐋𝐀 𝐂𝐎𝐇𝐄𝐑𝐄𝐍𝐂𝐈𝐀 𝐍𝐎 𝐒𝐄 𝐍𝐄𝐆𝐎𝐂𝐈𝐀: 𝐏𝐎𝐑 𝐐𝐔𝐄́ 𝐑𝐀𝐅𝐀𝐄𝐋 𝐋𝐎́𝐏𝐄𝐙 𝐀𝐋𝐈𝐀𝐆𝐀 𝐍𝐎 𝐉𝐔𝐑𝐀𝐌𝐄𝐍𝐓𝐀𝐑𝐀́ 𝐂𝐎𝐌𝐎 𝐒𝐄𝐍𝐀𝐃𝐎𝐑‼️
— Rafael López Aliaga (@rlopezaliaga1) June 18, 2026
“Muchos se preguntan por qué Rafael López Aliaga ha decidido no juramentar como senador y continuar trabajando desde… pic.twitter.com/vnjAB94hzv
La reciente decisión se suma a cuestionamientos previos sobre su conducta política. López Aliaga fue elegido alcalde de Lima para el periodo 2023–2026, pero renunció antes de culminar su mandato para postular a la presidencia, pese a haber asegurado en reiteradas ocasiones que no lo haría. “Mi palabra es de oro”, afirmaba.
En las elecciones generales del pasado 12 de abril, no logró pasar a la segunda vuelta, quedando detrás de Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Sin embargo, sí alcanzó un escaño en el Senado, cargo que ahora decide no asumir.
Esta poca predictibilidad política sobre el candidato refuerza la percepción de que el líder de Renovación Popular reconfigura su estrategia política en función de las circunstancias, optando por espacios donde puede mantener y concentrar mayor control político y ganancia económica.
Esta decisión no ha pasado desapercibida. Diversas voces han cuestionado el impacto de esta postura en la representación política y el respeto al electorado.
El alcalde de Magdalena del Mar, Francis Allison, calificó la postulación como “altamente irrespetuosa con los electores”, señalando que genera incertidumbre sobre los verdaderos objetivos políticos de López Aliaga. “Cuando su candidato pierda, ¿a qué va a postular?”, cuestionó. Asimismo, criticó su gestión municipal, calificándola como “fallida” y “mediocre”.
La renuncia al Senado, bajo el argumento de no validar un sistema electoral cuestionado, contrasta directamente con su decisión de continuar participando en un proceso organizado por los mismos organismos electorales que tanto ha criticado (e insultado), solo que desde otra candidatura.
Más allá del discurso de coherencia sobre no asumir el cargo en el senado, este movimiento político plantea interrogantes sobre la consistencia de sus posiciones y el uso estratégico de los espacios de poder.