Tras el anuncio oficial de los resultados por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que confirma a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez en la segunda vuelta del próximo 7 de junio, millones de ciudadanos aguardan la incertidumbre de las directrices políticas de los partidos que quedaron fuera de la siguiente contienda electoral. En este escenario, una de las posturas más esperadas por la opinión pública era la de Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular, especialmente tras sus constantes denuncias de fraude contra los organismos electorales.
Gran parte del electorado – por no decir todo – que respaldó a Renovación Popular asumía que el partido, por su clara adscripción a la derecha, cerraría filas en torno a la lideresa de Fuerza Popular en un intento coordinado por frenar el avance de la izquierda y del “comunismo”. Sin embargo, López Aliaga ha optado por una posición que no solo rompe las expectativas tradicionales de su sector, sino que abre más interrogantes de las que responde.
En declaraciones recientes, López Aliaga descartó tajantemente respaldar a Keiko Fujimori, a pesar de compartir un electorado históricamente ubicado en la derecha. Con un firme “no” respondió cuando fue consultado sobre un eventual apoyo hacia el partido naranja, argumentando que mantiene “graves dudas” sobre el proceso electoral. Según el líder de Renovación Popular, el supuesto fraude no solo habría beneficiado a Juntos por el Perú, sino que habría sido orquestado en complicidad con la propia Fuerza Popular.
“Voten en conciencia, no puedo obligar a nadie”, señaló, evitando dar una directriz concreta a sus seguidores.
Esta respuesta, aunque busca proyectar autonomía y un liderazgo firme, termina reflejando una calculada indefinición en un momento polarizado donde las posturas tibias suelen pasar factura.
¿Neutralidad genuina o cálculo político?
Si no apoya a Keiko Fujimori, ¿qué implica realmente su postura? ¿Se trata de una neutralidad genuina o de una forma indirecta de desmarcarse del bloque político que tradicionalmente lo contiene? Más aún cuando en sus propias declaraciones sobre el fraude electoral desliza cuestionamientos hacia ambos candidatos.
Históricamente, los sectores conservadores y de derecha en el Perú han tendido a unificarse en las segundas vueltas frente a opciones consideradas ideológicamente opuestas. Al romper esta lógica, López Aliaga no parece estar construyendo una alternativa programática, sino instalando una narrativa de desconfianza generalizada que deja a su propio electorado huérfano de dirección.
Asimismo, el alcalde de Lima aprovechó la entrevista para marcar una distancia ideológica con el fujimorismo, fragmentando aún más el bloque conservador.
“Es muy distinto. La derecha de López Aliaga es una derecha cristiana, una derecha que tiene los pobres primeros. Y la señora Keiko sabe eso, sabe todo el mamarracho que me ha hecho”, expresó con dureza
Todavía está por verse si esta maniobra política resultará favorable para los intereses a largo plazo de Renovación Popular. Al cerrarle la puerta a Fujimori sin ofrecer una hoja de ruta clara, López Aliaga corre el riesgo de que su base electoral se disperse, y ante la ausencia de una línea oficial, parte de sus votantes podría terminar inclinándose, por descarte o falta de dirección, hacia opciones que, en teoría, se encuentran fuera de su línea ideológica.
La pregunta para Renovación Popular queda el aire con miras al 7 de junio. Si no es Keiko, ¿entonces quién?















