Danny Danon, embajador del Estado de Israel ante la organización de las Naciones Unidas, invocó el derecho divino sobre la tierra ocupada de Cisjordania, aludiendo que aquellas promesas contenidas en la Biblia supondrían un respaldo suficiente para reclamar soberanía. Asimismo, rechazó el término “colonos” para referirse a la población judía asentada en dicha región (denominada bíblicamente Judea y Samaria) y sostuvo que su país no ostenta una condición de ocupante, sino que posee legitimidad territorial sustentada, además, en precedentes históricos y legales como el Mandato británico o la Declaración Balfour.
Durante su intervención, el diplomático profundizó en la postura oficial sobre la presencia israelí en la zona: “Tenemos derechos en la tierra, no es tierra ocupada, es nuestra tierra… Tenemos derechos legales sobre la tierra, tenemos derechos históricos y derechos bíblicos. Así que llamarnos colonos en nuestra propia tierra es una vergüenza”, afirmó Danon. De igual forma, aseguró que el Estado de Israel busca que los más de medio millón de israelíes y más de dos millones de palestinos que habitan la región coexistan con estabilidad y seguridad.
We are not going anywhere!
— Danny Danon 🇮🇱 דני דנון (@dannydanon) August 24, 2026
As I told Sky News: Jewish communities in Judea and Samaria are here to stay. The Jewish people’s historic connection to Judea and Samaria is undeniable. pic.twitter.com/51p5y8kyjf
Sin embargo, para la comunidad internacional y los organismos multilaterales, apelar a textos sagrados o documentos de la época colonial para fundamentar el control territorial contraviene de manera directa el marco del Derecho Internacional, las resoluciones de la ONU y las Convenciones de Ginebra, las cuales prohíben expresamente la alteración demográfica y el establecimiento de asentamientos en territorios bajo ocupación militar.
Asimismo, las declaraciones del diplomático sobre la búsqueda de una “coexistencia pacífica” encuentra una severa contradicción con el discurso que se emite desde otros núcleos de poder religioso y político. Ejemplo de ello son las recientes declaraciones del rabino principal de Israel, David Yosef, pronunciadas en el Museo Gush Katif de Jerusalén Oeste.
En su discurso, Yosef adoptó una postura radical al negar abiertamente la identidad y los derechos de la población local: “Ellos [los palestinos] nunca fueron un pueblo. No son un pueblo y no tienen derechos aquí. Gaza es la tierra de Israel”, afirmó la autoridad religiosa, haciendo un llamado explícito a la destrucción en Gaza y a la expansión de los asentamientos judíos en las ciudades ocupadas de Cisjordania.
In an address at West Jerusalem’s Gush Katif Museum, Israel’s Chief Rabbi David Yosef denied that Palestinians exist as a people and said they ‘have no rights’.
— Al Jazeera English (@AJEnglish) August 22, 2026
He also claimed Gaza and occupied West Bank cities for Jews and called for Gaza’s destruction and Jewish settlement. pic.twitter.com/PegOD9rWxk
Está marcada disparidad entre el discurso oficial y la realidad operativa no hace más que alimentar el recelo generalizado, transformando cualquier promesa de paz en un foco de escepticismo. Mientras el discurso diplomático intenta justificar la presencia de las comunidades judías bajo preceptos bíblicos e históricos, la realidad operativa marcada por un régimen legal fragmentado y asimétrico que diferencia a palestinos de israelíes construye un escenario de profunda incoherencia.
