A fines del mes de febrero salió un informe de La República en donde se da a conocer que hay un total de 16 candidatos cristianos evangélicos que se encuentran postulando para las elecciones generales 2026, en donde seis de ellos presentan denuncias policiales.
Entre los nombres mencionados se encuentran Esdras Medina Minaya, quien registra denuncias por estafa, violencia contra la mujer y delito contra la administración pública; José Guerra Velásquez, denunciado por conducir en estado de ebriedad; Gremy Azocar Fajardo, integrante de la iglesia Famicris, con una denuncia por violencia contra la mujer; Olga Zonia Condori Quispe, miembro de la iglesia evangélica La Estrella de Belén, quien afronta denuncias por presunta estafa y usurpación; y Paola Martínez Paitán, vinculada a la iglesia Camino a la Vida, denunciada en 2016 por una presunta agresión física contra Fidel Quispe Prado.
Todos ellos candidatos pertenecientes a las filas de Renovación Popular, partido del candidato presidencial Rafael López Aliaga. A quién el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), también le ha advertido que el uso de símbolos religiosos, declaraciones de líderes religiosos o apelaciones explícitas a una confesión de fe no pueden ser utilizados como mecanismos de persuasión electoral.
El informe menciona que estas denuncias no aparecen consignadas en las hojas de vida de los candidatos, debido a que el registro electoral exige declarar únicamente sentencias firmes y no investigaciones o denuncias policiales.
A partir de esta información, la periodista Rosa María Palacios se pronunció durante su programa ‘Sin Guión’ y cuestionó lo que considera una instrumentalización de la fe con fines políticos en el actual proceso electoral.
“Hasta el Papa ha hablado de esto. Candidatos que se presentan diciendo: Yo soy un buen cristiano y por lo tanto, como soy un buen cristiano tienes que votar por mí. ‘Cuídense de los falsos profetas’, dice Jesús, nuestro señor», señaló la periodista al comentar el reportaje.
Durante su análisis, Palacios advirtió que el uso de la identidad religiosa como argumento electoral puede generar una percepción de superioridad moral frente al electorado.
“Ponerte la etiqueta de cristiano, para ponerte en un estatus de superioridad moral, es muy riesgoso para la democracia”, afirmó.
La también abogada y docente, recordó que la relación entre religión y política ha sido objeto de debate durante siglos y que, precisamente por esa tensión, muchos países establecieron una separación institucional entre Iglesia y Estado.
“La Iglesia católica decidió hace más de 100 años retroceder en la participación política terrenal, y poco a poco los países dejaron de ser confesionales. El nuestro dejó de ser confesional en 1933. Y al dejar de ser confesionales separamos la Iglesia del Estado. El problema no es solamente imponer creencias religiosas a otros”, sostuvo.
En ese contexto, la columnista hizo referencia a una advertencia reciente por parte del Papa León, quien en una reunión con obispos españoles alertó sobre los riesgos de la instrumentalización política de la fe. Según reportó el diario El País, el pontífice expresó su preocupación por sectores políticos que buscan utilizar la religión como respaldo simbólico o electoral.
“Nuestro Papa se reunió con los obispos y les advirtió de este problema, que hay una derecha conservadora —que en su momento también pudo haber sido la izquierda— que agarra el cristianismo como de su propiedad y le dice a los electores: yo soy el elegido, yo soy el llamado, yo soy tu profeta, vota por mí”, comentó Palacios durante el programa.
Para la periodista, este fenómeno no es nuevo en la historia política, pero advirtió que sigue siendo una estrategia de movilización electoral que debe ser observada con atención por los ciudadanos.
“Es una forma de manipulación de votos muy antigua, pero hay que estar advertidos. Y ojo, como dicen en el decálogo de los diez mandamientos, el segundo es no tomar el nombre de Dios en vano”, concluyó.
Estas declaraciones se producen en medio de un proceso electoral donde diversas candidaturas han apelado a símbolos, discursos o identidades religiosas como parte de su estrategia política. Priorizando su proyección electoral por encima de la promoción de propuestas públicas sólidas, que finalmente son creadas para responder ante las necesidades de la ciudadanía.














