La política peruana suele regalarnos episodios donde el cálculo y estrategia electoral intenta disfrazarse de casualidad o gesto altruista. El pasado 4 de agosto, la renuncia irrevocable de Luis Israel Rubio a la candidatura municipal de Lima por Renovación Popular marcó el inicio de una maniobra tan predecible como cuestionable. Con la salida del candidato formal, las piezas del tablero se reacomodaron de inmediato y la lista electoral organizada estratégicamente dejó el camino libre para que quien figuraba como primer regidor y teniente alcalde asuma de facto la candidatura principal. No es casualidad que tan solo unos momentos de anunciada la noticia, el lema “Porky vuelve” ya estaba listo para ser presentado en una actividad partidaria.
El comunicado oficial del líder partidario expresando “profunda tristeza” y tachando de “absurdo e infame” el escepticismo ciudadano resulta difícil de asimilar frente a la evidencia. La sucesión municipal frente a alguna adversidad es un mecanismo conocido y respaldado dentro del sistema electoral, por lo que presentarse como primer regidor no es una coincidencia, sino una estrategia para asegurar el retorno a la municipalidad de Lima.
— Rafael López Aliaga (@rlopezaliaga1) August 4, 2026
Esta forma de actuar del partido celeste pone en manifiesto una profunda falta de compromiso de López Aliaga con su electorado y la fragilidad institucional del país. En el 2025, López Aliaga dejó la Municipalidad Metropolitana de Lima para tentar la presidencia de la República, contraviniendo sus promesas explícitas de culminar su mandato de cuatro años y dejando tras de sí una gestión marcada por controversias sobre el endeudamiento financiero de la capital. Tras las elecciones generales del 2026, López Aliaga logró un puesto en el nuevo Senado de la República. No obstante, lejos de asumir con responsabilidad el mandato encomendado por los votantes que confiaron en su futura labor legislativa, decidió renunciar al escaño para abocarse nuevamente a la contienda limeña.
Cabe recordar que la Constitución prohíbe explícitamente la reelección municipal inmediata; en tal sentido, es legítimo percibir como una artimaña para eludir la ley utilizar la renuncia de un tercero y la sucesión de la lista para “postular” a la alcaldía de Lima. Interpretar la renuncia de Rubio como un hecho aislado, inofensivo o casual exige un nivel de ingenuidad y credulidad que, simplemente, la trayectoria reciente de López Aliaga desmiente.
