Síguenos

¿Qué tema le interesa explorar?

Evangelio.peEvangelio.pe

Instrumentalización de la fe

Libro de doctrina “Instrucciones Bíblicas” rechaza la guerra en Gaza

Mientras se invoca la Biblia para justificar posturas geopolíticas, las imágenes de civiles palestinos muertos contrastan con principios centrales del mensaje cristiano, como la no violencia, el amor al prójimo y la defensa de la vida.

En Gaza, la guerra no se mide solo en titulares ni en partes militares, sino en vidas interrumpidas. Dos años de ofensiva han transformado el territorio en un espacio marcado por la pérdida, el desplazamiento y la escasez permanente. Más de 67 mil personas han muerto y alrededor de 170 mil han resultado heridas, muchas de ellas civiles que no estaban en el frente de combate, sino en sus casas, en hospitales o en refugios improvisados. Cada cifra corresponde a una familia rota, a un nombre que ya no está.

La vida cotidiana se ha vuelto una sucesión de carencias. Nueve de cada diez habitantes han sido desplazados al menos una vez, obligados a huir sin garantías de seguridad ni condiciones mínimas. Hay personas que han pasado días enteros sin comer, no por elección, sino porque el acceso a alimentos se ha vuelto irregular o inexistente. El agua potable escasea, la electricidad llega de forma intermitente y los servicios de salud funcionan al límite, con hospitales dañados o colapsados por la cantidad de heridos.

Las ciudades y barrios han quedado irreconocibles. Ocho de cada diez viviendas han sido dañadas o destruidas, dejando a miles de familias sin un lugar al que regresar. Escuelas, mezquitas y centros de atención médica han sido reducidos a escombros. Incluso la tierra ha dejado de producir: amplias zonas agrícolas han quedado inutilizables, profundizando una crisis alimentaria que golpea especialmente a los niños.

En medio de este escenario, más de 54 mil menores de cinco años sufren desnutrición aguda, muchos de ellos en condiciones graves. La falta de alimentos, medicamentos y atención adecuada no es una estadística aislada, sino una realidad diaria para madres, padres y cuidadores que intentan sostener la vida en un entorno marcado por el miedo y la incertidumbre.

Frente a este escenario, la guerra deja de ser una abstracción lejana y se convierte en una experiencia concreta de sufrimiento humano. Sin embargo, mientras estas realidades se desarrollan en el territorio palestino, el conflicto también se debate y se interpreta desde otros espacios: púlpitos, medios de comunicación y discursos religiosos que buscan darle sentido a lo que ocurre. Es en ese plano simbólico y moral donde la fe cristiana ha sido llamada a pronunciarse.

Para millones de creyentes en el mundo, la lectura del conflicto en Medio Oriente no solo responde a análisis políticos o estratégicos, sino a convicciones espirituales y marcos doctrinales que influyen en la forma en que se comprende —y se justifica— la violencia. En ese contexto, resulta inevitable contrastar el impacto cotidiano de la guerra sobre la población civil con los principios que históricamente han guiado la conducta cristiana frente al uso de la fuerza y el derramamiento de sangre.

Esa tensión entre la realidad vivida por las víctimas y los fundamentos éticos de la fe se vuelve especialmente visible cuando se revisan los propios textos que han orientado a generaciones de creyentes.

En el libro ‘Instrucciones Bíblicas para los recién convertidos’, texto utilizado históricamente en comunidades cristianas para orientar la conducta de los fieles, se sostiene que:

“La conciencia cristiana de los seguidores del Señor Jesucristo y de los que practican las enseñanzas de la Santa Biblia, no les permite participar en el uso de armas de guerra para derramar sangre (Éxodo 20:13; Mateo 5:39,44). Al mismo tiempo están en la mejor disposición de cooperar con el Gobierno en aquellas maneras que estén en armonía con su fe bíblica”.

La cita es clara al establecer un límite moral: el cristiano no debe participar directa ni indirectamente en el uso de la violencia armada ni en el derramamiento de sangre. Sin embargo, en el escenario actual, numerosos líderes y comunidades evangélicas han expresado un respaldo político, teológico y mediático a las acciones militares del Estado de Israel, aun cuando estas han derivado en la muerte de miles de civiles palestinos.

Si bien es cierto que los cristianos no se alzan en armas ni combaten directamente, el apoyo explícito a operaciones militares que generan víctimas inocentes plantea una tensión evidente con los principios que dicen defender. La condena a la violencia parece relativizarse cuando esta se ejerce en nombre de Israel, lo que ha llevado a que el sufrimiento palestino —incluyendo el de niños— sea minimizado, justificado o directamente ignorado en el discurso religioso.

De acuerdo con el portal BITE Project, el respaldo evangélico a Israel no responde únicamente a afinidades políticas contemporáneas, sino a una construcción ideológica conocida como sionismo cristiano. Esta corriente sostiene que el retorno del pueblo judío a la “tierra prometida” es un cumplimiento profético indispensable para los planes divinos y, en algunos casos, para el retorno de Jesucristo. Bajo esta lógica, el Estado de Israel adquiere un carácter casi sagrado, más allá de sus decisiones políticas o militares.

Según Priego (2025), el sionismo cristiano se basa en interpretaciones literales de ciertos pasajes bíblicos del Antiguo Testamento, promoviendo la idea de que la creación y defensa de Israel es una voluntad divina incuestionable. Esta visión tiende a reducir el conflicto a una narrativa binaria de bien y mal, donde cualquier crítica a Israel es vista como una oposición al plan de Dios, y donde las víctimas palestinas quedan fuera del marco moral del discurso religioso.

Diversos estudios académicos advierten que esta postura no sólo instrumentaliza la Biblia con fines políticos, sino que también contradice enseñanzas centrales del cristianismo recogidas en el Nuevo Testamento, donde Jesús rechaza la violencia, llama a amar al enemigo y coloca la vida humana como un valor absoluto. En este sentido, el respaldo acrítico a la fuerza militar plantea una contradicción entre la fe que se profesa y las consecuencias reales de las posturas que se apoyan.

El debate, entonces, no se limita a una posición geopolítica, sino a una pregunta más profunda sobre coherencia doctrinal: ¿hasta qué punto una interpretación profética puede justificar el silenciamiento del sufrimiento humano? ¿Y qué lugar ocupan las víctimas cuando la fe se alinea sin matices con el poder y la guerra?

Lea también

Actualidad

Entre interpretaciones del Apocalipsis y teorías sobre OVNIs, estos textos buscan tender un puente entre la fe y el conocimiento científico.

Actualidad

Víctimas acusan al entonces obispo de Chiclayo de presunta inacción ante denuncias contra sacerdotes señalados por abusos y acoso.

Opinión

Cuando el mensaje cristiano predica amor y se práctica la discriminación.

Actualidad

En medio del complejo escenario político que atraviesa el Perú, una situación crítica, aunque poco visibilizada, plantea profundas cuestiones éticas y religiosas: el posible...