En los conflictos contemporáneos, la fe continúa siendo invocada como un elemento de justificación y legitimación política y moral. Sin embargo, desde dentro de la Iglesia Católica emergen cada vez más fuerte las voces que critican con dureza está práctica. Una de las más contundentes ha sido el mismísimo Papa León XIV y el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, quien ha denunciado que utilizar el nombre de Dios para justificar la guerra constituye no solo persuasión política, sino el pecado más grave que se puede cometer en este momento.
En este contexto, Pizzaballa advierte que el lenguaje religioso está siendo instrumentalizado con fines políticos y estratégicos para justificar la guerra en Medio Oriente. En la misma línea que Pizzaballa, el Papa León XIV ha manifestado su preocupación por la escalada del conflicto en Medio Oriente, insistiendo en la necesidad de privilegiar el diálogo y la diplomacia por encima de la confrontación armada. Asimismo, ha advertido sobre las consecuencias humanas devastadoras de la guerra, particularmente en regiones como El Líbano, donde la violencia ha generado miles de víctimas y desplazados.
“El abuso y la manipulación del nombre de Dios para justificar esta y cualquier otra guerra es el pecado más grave que podemos cometer en este momento”
Pierbattista Pizzaballa
La crítica central es sumamente clara sobre el uso de la palabra e imagen divina en conflictos armados. León XIV y Pizzaballa han sido firmes en sostener que Dios, más bien, se encuentra del lado de las víctimas y no de quienes promueven o ejecutan la violencia en su nombre. En ese sentido, califican como una forma de blasfemia el uso del discurso religioso para legitimar cualquier conflicto, enfatizando que ninguna guerra puede considerarse justa si se sustenta en la manipulación de la fe.
Este cuestionamiento cobra especial relevancia frente a recientes declaraciones de funcionarios estadounidenses, quienes han apelado explícitamente a referencias religiosas para reforzar el apoyo a operaciones militares en Medio Oriente. La utilización de expresiones como la protección de “Dios Todopoderoso” sobre las tropas estadounidenses o la interpretación de pasajes bíblicos como justificación de la violencia refleja una estrategia discursiva que busca dotar de legitimidad moral a decisiones políticas. Este último se vio reflejado cuando el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, empleó el Salmo 144 para realizar una lectura bíblica de la violencia ejercida en Medio Oriente.
De igual manera, diversos reportes recientes evidencian cómo el discurso religioso ha sido incorporado incluso dentro de estructuras militares. Según denuncias recogidas por la Fundación para la Libertad Religiosa Militar (MRFF), más de 200 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses, incluyendo personal de la infantería de marina, la fuerza aérea y la fuerza espacial, presentaron quejas formales contra sus superiores por el uso de retórica cristiana para justificar operaciones militares.
“No hay nuevas cruzadas, y Dios no tiene nada que ver con esto”
Pierbattista Pizzaballa
Los testimonios señalan que sus superiores habrían manifestado que la guerra contra Irán supone un “plan divino de Dios” e incluso habrían empleado referencias del Libro Apocalipsis, aludiendo al Armagedón y al retorno de Jesucristo como marco interpretativo del conflicto.
🇺🇸⚔️ ¿'Guerra Santa' contra Irán? El doble rasero de la retórica religiosa de EEUU
— Sputnik Mundo (@SputnikMundo) March 18, 2026
El secretario de Estado, Marco Rubio, recientemente llamó al Gobierno iraní "lunáticos fanáticos religiosos". No obstante, la misma coalición que lidera la guerra contra Irán constantemente… pic.twitter.com/UHpZkW9wgh
La inclusión de elementos religiosos en el discurso político estadounidense se ha convertido en una constante, lo que plantea profundos riesgos para la separación entre el Estado y la religión. Bajo este escenario, la fe deja de ser un espacio de sentido espiritual para convertirse en una herramienta discursiva que busca legitimar el uso de la violencia. Sin embargo, este no es el único riesgo, ya que también invisibiliza la verdadera naturaleza de los conflictos, que responden principalmente a intereses particulares y, por lo tanto, limita el análisis objetivo y el debate público. En este contexto, la instrumentalización de la fe llega a incluso debilitar la democracia.
Es precisamente esta instrumentalización que la Iglesia católica rechaza de manera explícita. La denuncia de Pizzaballa, reforzada por evidencias concretas sobre el uso indebido de la fe en entornos militares, no es únicamente una crítica coyuntural, sino una advertencia estructural sobre los peligros de convertir la religión en un instrumento al servicio de la guerra.












