La semana pasada se llevó a cabo la Convención Nacional del Movimiento Misionero Mundial Perú 2026 en el Estadio San Marcos. Bajo el eje central de la familia, el evento buscó consolidarse como un espacio de reflexión espiritual, enseñanza bíblica y fortalecimiento de la fe. Sin embargo, más allá de su propósito religioso, la evidente presencia de actores políticos en el recinto terminó captando la atención.
Durante el desarrollo de la convención, se pudo identificar en primera fila a los aspirantes al congreso por Renovación Popular Alejandro Muñante, Paola Martínez y Milagros Aguayo, quienes fueron recibidos con aplausos por parte del público presente. A ello se sumó la circulación de pancartas con sus rostros y números de lista, elementos que remiten directamente a prácticas propias de campaña electoral, en un contexto donde las elecciones están próximas a celebrarse el 12 de abril.
Esta presencia de mensajes políticos en un evento de carácter religioso enciende la alarma sobre los límites actuales entre la fe y política en la comunidad evangélica. Si bien la participación de autoridades o figuras públicas en actividades religiosas no es inusual – y por supuesto, el creyente tiene todo el derecho de participar en ellas – la incorporación de símbolos explícitos de campaña política como pancartas o folletos electorales comienza a transformar la naturaleza de la Convención, desplazando su finalidad espiritual hacia una lógica de movilización política.
Este escenario no generaría tanta preocupación y cuestionamiento si no fuera un patrón recurrente. Incluso, en los últimos años, ha sido posible observar como figuras centrales del MMM como el pastor Luis Meza Bocanegra ha expresado públicamente su apoyo y respaldo a actores vinculados a Renovación Popular. Este tipo de comportamientos únicamente refuerzan la percepción de una cercanía evidente entre el MMM y Renovación Popular, lo que contribuye a difuminar aún más la frontera entre la orientación espiritual y posicionamiento político dentro de la comunidad evangélica peruana.
¿Apoyo religioso o afinidad política?
Otro aspecto que genera cuestionamientos es la aparente concentración de apoyo hacia determinados actores políticos. Aunque existen diversos candidatos que se identifican como cristianos pertenecientes del Movimiento Misionero Mundial, no reciben el mismo nivel de visibilidad o respaldo.
Lo cierto es que el apoyo del Movimiento Misionero Mundial está concentrado exclusivamente en las figuras vinculadas a Renovación Popular, dejando de lado a otros cristianos o líderes religiosos que también participan en la arena política, como es el caso de Marlenia Guzmán Zambrano del Partido Patriótico del Perú, y Nelly Yañez de Alianza para el Progreso.
Esta diferencia plantea interrogantes sobre si el respaldo observado responde a una identificación genuina con valores cristianos o a afinidades políticas específicas, motivadas por intereses particulares.
A ello se suma la relación ambivalente que muchos fieles mantienen con la política. Si bien existe una postura tradicional de rechazo a la participación política desde la iglesia, en la práctica se observa una creciente resignación a su presencia, especialmente cuando se percibe que están en juego valores considerados fundamentales. En este escenario, la visibilidad y validación de determinados actores políticos dentro de espacios religiosos no solo normaliza esta cercanía, sino que puede reforzar dinámicas de apoyo poco cuestionadas, donde la afinidad religiosa termina sustituyendo el análisis crítico de las propuestas o trayectorias políticas.
El riesgo de la instrumentalización de la fe
La utilización de espacios religiosos para difundir mensajes políticos conlleva el riesgo de instrumentalizar la fe para conseguir adeptos, condicionar el apoyo de la comunidad cristiana y legitimar la candidatura de ciertos partidos. Esto no solo llega a afectar la naturaleza de la religión, sino que también la percepción de los propios fieles y de la sociedad en general. Por un lado, los creyentes se ven expuestos a mensajes políticos en un entorno donde buscan (y deberían recibir) orientación espiritual, no persuasión electoral; por otro, se profundiza una brecha con otros sectores que perciben estas prácticas como una forma de imposición de valores en un contexto plural.
Es decir, cuando la fe se asocia de manera visible con agendas políticas específicas, parte de la población no creyente o de otras confesiones puede concebir a la comunidad evangélica como un grupo cerrado, poco dispuesto al diálogo, guiado exclusivamente por las propias convicciones de un pastor y con la intención de trasladarlas e imponerlas en el ámbito público. Lejos de fortalecer su imagen, estas dinámicas pueden reforzar los estereotipos y prejuicios hacia los cristianos.
La Convención Nacional del MMM Perú 2026 deja en evidencia que la relación entre fe y política cada vez es más estrecha. La presencia de actores políticos en espacios religiosos no es, por sí misma, problemática; lo que genera preocupación es la forma en que estos espacios pueden convertirse en escenarios de promoción electoral.