El candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, ha comenzado a cuestionar abiertamente el proceso electoral de la segunda vuelta presidencial, pese a haber asegurado días antes de los comicios que respetaría los resultados oficiales emitidos por las autoridades electorales.
En un contexto de estrecha diferencia frente a la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, el discurso del candidato ha evolucionado hacia una narrativa que pone en duda la transparencia del proceso, coincidiendo con el avance del conteo que no le resulta favorable.
Del compromiso a la sospecha
A pocos días de la jornada electoral del 7 de junio, Sánchez había afirmado que respetaría los resultados proclamados por los organismos electorales. Sin embargo, tras el cambio en la tendencia del conteo, ha comenzado a sostener públicamente la existencia de presuntas irregularidades.
En ese marco, anunció un viaje a Cusco, específicamente a las provincias de Canchis y Canas (comunidades donde ha obtenido la mayoría de votos), donde está sosteniendo diversos encuentros con las poblaciones locales. Durante estas actividades, el candidato reforzó un discurso de vigilancia y sospecha sobre el proceso electoral.
Hoy en viaje con mi esposa rumbo a reencontrarnos con las comunidades altoandinas en Canchis, Tinta, Combapata, Pampamarca, Canas sí en Cusco el ombligo del Mundo. Día bendito y de inmenso Sol. pic.twitter.com/5lfBfAhf1d
— Roberto Sánchez Palomino (@RobertoSanchP) June 14, 2026
“Esos votos no se deben manipular, no se deben golpear, no se deben afectar la transparencia de esos votos, tenemos sospechas de que ha habido irregularidades y ya las hemos denunciado”, declaró. Asimismo, sostuvo que “nos corresponde como pueblo estar vigilantes para defender la democracia, para defender nuestro voto”.
Las declaraciones del candidato fueron incluso más allá, al intentar construir una narrativa que pone en cuestión el peso del voto de los peruanos en el exterior. “En todo el Perú nos han dado la victoria”, afirmó, en una lectura que enfatiza su respaldo a nivel nacional.
Si bien es cierto que su candidatura obtuvo una ventaja en la mayoría de regiones del país, esta afirmación omite que el proceso electoral peruano incluye también el voto de los ciudadanos residentes en el extranjero, cuyos sufragios forman parte del resultado oficial.
En ese sentido, el mensaje no solo busca reforzar la idea de una victoria basada en el “Perú profundo”, sino que introduce implícitamente una diferenciación entre ese electorado y los peruanos en el exterior, sugiriendo una menor legitimidad de estos últimos en la definición del resultado electoral. “Creemos nosotros, es poco transparente, sobre todo cuando en la distancia tan corta son precisamente esos votos que le estarían dando el conteo hasta ahora el apoyo a la señora K”, declaró.
“La señora K ya ganó en todos sus medios de comunicación, con toda la forma como nos han terruqueado, insultado, por eso exigimos justicia electoral ¿Qué exigen los pueblos profundos? Justicia electoral”, afirmó, apelando directamente a un sector específico del electorado.
Este tipo de discursos, impulsados por el propio candidato presidencial que disputaba la segunda vuelta y que, además, es percibido por algunos sectores como una continuidad del expresidente Castillo; contribuyen a consolidar una narrativa en la que un eventual resultado adverso deja de ser leído como una expresión del proceso democrático y pasa a ser atribuido a un escenario de ilegitimidad política.
Movilización social y riesgo político
En paralelo a estas declaraciones, se han registrado convocatorias y movilizaciones en distintas regiones del país, muchas de ellas bajo consignas que cuestionan la legitimidad del proceso electoral.
Si bien Sánchez no ha formulado un llamado explícito a la protesta durante sus discursos en Cusco, estos se han centrado en azuzar a la población bajo narrativas de sospecha, defensa del voto y la idea de una victoria “arrebatada”. Es por esta razón que las acciones de Sánchez pueden ser interpretado como un factor que legitimada y refuerza estas acciones.
El Perú ya se encuentra atravesando un escenario de profunda polarización, por lo que este tipo de narrativa puede escalar rápidamente hacia escenarios de conflictividad social, donde la protesta pacífica corre el riesgo de derivar en episodios de violencia.
Asimismo, el impacto de estos discursos no se limitará al presente electoral ya que, de consolidarse una eventual victoria de Fujimori, la instalación de una narrativa colectiva de fraude e ilegitimidad condicionará profundamente el inicio de su gobierno y su capacidad de gobernabilidad.