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Instrumentalización de la fe

Dios y la intervención militar estadounidense en Venezuela

Las declaraciones del pastor estadounidense Hank Kunneman, que presentan el petróleo de Venezuela como parte de un mandato divino, revelan cómo la religión es instrumentalizada para justificar el intervencionismo de Estados Unidos.

En medio de los crecientes cuestionamientos internacionales por la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó en la captura del dictador Nicolás Maduro, la surgido una narrativa peligrosa particular que busca brindar legitimidad a la vulneración del derecho internacional y la apropiación de recursos naturales como actos de supuesta voluntad divina. El pastor evangélico estadounidense Hank Kunneman, uno de los autodenominados profetas simpatizantes de Donald Trump, ha afirmado que Dios respalda la toma de control del petróleo venezolano por parte de Estados Unidos, argumentado que la operación militar estadounidense ha permitido que “el espíritu del petróleo” le pertenezca ahora al Señor.   

“Dicen que se han apoderado de Venezuela por el petróleo. Sí, es cierto, que hay algo que se ha puesto al frente de esta batalla terrenal; pero el enemigo ha buscado y buscaba provocar guerra y conflicto en Venezuela y controlar el petróleo de la tierra. Sin embargo, el petróleo espiritual y natural no pertenece a las fuerzas de la oscuridad ni a quienes creyeron poder establecer un orden mundial. Este es un reinicio, y el petróleo de lo natural y el petróleo del espíritu es mío, dice el Señor”

Hank Kunneman

Este discurso evidencia un claro ejemplo de la instrumentalización de la fe. Desde una mirada estrictamente objetiva, la idea que un pastor o sacerdote pueda “recibir” una revelación divina que avale una decisión política, una decisión terrenal, es profundamente problemática. En vez de buscar realizar una lectura crítica, objetiva y política de esta operación militar, se limita a apelar a la imagen de Dios con la finalidad de conseguir adeptos. 

Más aún, la instrumentalización de la fe es una tendencia cada vez más amplia en el fundamentalismo político que combina la religión con agendas ideológicas específicas. Las declaraciones del pastor Hank Kunneman no son aisladas ni sorpresivas. Desde que Trump asumió la presidencia de Estados Unidos, sectores religiosos – en especial el evangélico – han promovido discursos y mensajes que describen a la figura y política de Trump como una divina destinada a luchar cósmicamente entre el bien y el mal.

Además, es sumamente paradójico que, bajo este tipo de interpretaciones, el mensaje divino aparentemente solo se concentra en el control de recursos naturales y no en la transición democrática que merece el pueblo venezolano o en la liberación de los presos políticos.  Si realmente se tratara de un mandato sagrado, el énfasis no estaría en la apropiación de petróleo, sino en la atención a las necesidades humanas más urgentes que son la educación, salud y bienestar de las poblaciones afectadas por años de crisis.

De igual forma, este discurso recuerda de forma incomoda a las narrativas empleadas durante la colonización europea de América, cuando la religión fue utilizada para justificar la violencia, el saqueo, la esclavitud y extermino de los pueblos indígenas bajo la figura de una llamada “guerra santa”.  Entonces, al igual que ahora, el lenguaje religioso y la advocación a una figura y mandato divino sirvió para deshumanizar al otro, convertido en “fuerzas del mal” y legitimar la apropiación de territorios y recursos en nombre de Dios. La diferencia es apenas semántica, donde antes se hablaba de “infieles” o “salvajes”, hoy se les categoriza como “fuerzas de la oscuridad”; cuando antes se invocaba a la necesaria evangelización, hoy se invoca a la voluntad divina del petróleo. Lo cierto es que, en ambos casos, la fe pierde su ámbito privado y deja de ser un espacio espiritual para transformarse en una herramienta de legitimización moral, reproduciendo una lógica colonial que creíamos haberla dejado en el pasado, pero que en la actualidad reaparece con fuerza en el discurso político contemporáneo.

Esta justificación de acciones militares mediante argumentos religiosos no solo remite al pasado colonial, sino que encuentra un eco inquietantemente actual en los discursos religiosos que hoy defienden el exterminio del pueblo palestino presentándolo como parte de un supuesto “plan divino”. En este escenario, la violencia ejercida por el Estado de Israel sobre Palestina es legitimada por sectores religiosos y políticos que apelan a la idea de que Israel es el “pueblo elegido por Dios”, y que, por lo tanto, la ofensiva militar israelí, por más letal que sea, está moralmente justificada. Esta narrativa no solo deshumaniza el sufrimiento y muerte de la población palestina, sino que permite que, ante los ojos del mundo, se lleve a cabo un genocidio. Al igual que en los discursos coloniales del pasado, Dios vuelve a ser invocado no para proteger la vida, sino para controlarla, estableciendo quienes merecen vivir y quienes pueden ser sacrificados en nombre de una “verdad sagrada”.

La pregunta es, ¿En el Perú también se estarán empleando la religión para defender, sin cuestionamiento alguno, el intervencionismo estadounidense? Pues, la respuesta es sí.

El polémico pastor Anthony Lastra, conocido por su cercanía con figuras como el expresidente Pedro Castillo y la ex mandataria Dina Boluarte, así como por su presencia en eventos políticos y reuniones con altos funcionarios peruanos, público un video con el título “Profecía Bíblica sobre la caída de Nicolas Maduro”. El uso deliberado de ese lenguaje no es inocente. Al igual que en el discurso del pastor Hank Kunneman, se apela a un supuesto mandato divino para validar hechos políticos y militares concretos, anulando cualquier análisis crítico y presentando la intervención extranjera como parte de un plan sagrado inevitable.

En este contexto, es posible afirmar sin miedo a caer en errores, que la religión está perdiendo su reflexión ética y se está convirtiendo en una herramienta de propaganda política utilizada para blanquear actos de dominio económico, político y militar. Lo ocurrido en Venezuela, y la forma en que ciertos líderes religiosos lo narran, debería encender una fuerte alerta en la comunidad religiosa. Si la intervención militar estadounidense responde a un mandato divino, entonces la oposición, cuestionamiento o critica equivale oponerse a Dios. Es así como la religión sirve como instrumento ideológico al servicio del poder terrenal. 

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