El Papa León XIV se pronunció sobre la situación en Venezuela y pidió que se garantice la soberanía del país, así como el bienestar de su población, en medio de un escenario político marcado por la tensión tras la captura de Nicolás Maduro. El mensaje fue difundido a través de canales oficiales del Vaticano y replicado por diversos medios internacionales.
Durante su intervención, el pontífice exhortó a que cualquier acción vinculada al futuro de Venezuela se realice respetando el derecho internacional y priorizando el bien común de los ciudadanos. En ese sentido, subrayó la importancia de evitar medidas que profundicen la crisis social y económica que atraviesa el país, así como de promover soluciones basadas en el diálogo y la cooperación entre las naciones.
El pronunciamiento se produce luego de la detención de Nicolás Maduro, un hecho que ha generado reacciones en distintos sectores políticos y diplomáticos de la región. Frente a este contexto, León XIV remarcó que la soberanía de los Estados debe ser protegida y que las decisiones sobre el destino de los pueblos no pueden desligarse de la dignidad humana ni de la estabilidad social.
Desde el Vaticano, se ha reiterado que la Iglesia mantiene una postura orientada a la mediación, la paz y la defensa de los derechos fundamentales, especialmente en países afectados por conflictos políticos prolongados. En ese marco, el papa insistió en que el respeto entre naciones y la búsqueda de salidas pacíficas son esenciales para evitar mayores fracturas regionales.
Este mensaje se suma a otros pronunciamientos recientes del pontífice en los que ha puesto énfasis en la necesidad de construir puentes de entendimiento en un escenario internacional atravesado por guerras, crisis humanitarias y disputas de poder. A inicios de enero, durante un evento cultural realizado en la Capilla Sixtina con motivo de las celebraciones de inicio de año, León XIV volvió a destacar el valor de la paz, la solidaridad y la responsabilidad de los líderes frente a sus pueblos.
El llamado del papa se inscribe así en una línea constante de la diplomacia vaticana, que busca colocar en el centro de la discusión internacional la protección de las personas y el respeto a la autodeterminación de los Estados, especialmente en contextos de alta polarización política como el venezolano.










