Síguenos

¿Qué tema le interesa explorar?

Evangelio.peEvangelio.pe

Instrumentalización de la fe

Trump pierde el respaldo católico mientras el evangelicalismo lo blinda

Mientras sectores evangélicos mantienen un apoyo incondicional, la Iglesia Católica bajo el liderazgo de León XIV denuncia la deshumanización del prójimo.

En el tablero político estadounidense, la religión sigue siendo un actor central, pero, el bloque cristiano ya no es monolítico. Mientras diversos sectores evangélicos mantienen un respaldo casi incondicional hacia el gobierno de Donald Trump, una parte creciente del catolicismo estadounidense ha adoptado una postura más crítica y reflexiva. Este rechazo se acentúa frente a las irregularidades policiales, los abusos del ICE contra los inmigrantes, y el apoyo político y militar irrestricto hacia el Estado de Israel.

El artículo “Under Pope Leo XIV, American Catholics Are Uniting to Defeat MAGA Authoritarianism” del demócrata Christopher Hale evidencia que el catolicismo estadounidense no se alineado unánimemente con la agenda MAGA. De hecho, las encuestas muestran una caída del 39% en su aprobación. A diferencia de otros grupos como la comunidad evangélica, existe una tensión constante entre la jerarquía eclesiástica y los sectores conservadores en temas como la migración, el racismo y la violencia estatal.  

Según Hale, la iglesia católica estadounidense está comenzado a reaccionar frente a lo que identifica como una política sostenida de miedo y exclusión que MAGA ha intentado normalizar. Bajo el liderazgo del Papa León XIV, la Iglesia Católica ha sostenido una crítica persistente al nacionalismo excluyente, el culto al líder fuerte y la instrumentalización del miedo como herramienta política. En septiembre, el pontífice cuestionó abiertamente la incoherencia de quienes se autodenominan “pro vida” mientras respaldan políticas migratorias que someten a los inmigrantes a tratos inhumanos. Más recientemente, el obispo principal de Arkansas comparó la polarización extrema y el partidismo del actual gobierno con la decadencia moral de la Alemania nazi, advirtiendo que la sociedad estadounidense se está alejando de principios fundamentales como la dignidad humana, la paz y la moral.

Estas posiciones coalicionan fuertemente con muchos de los elementos característicos del discurso republicano, como la criminalización de todos los migrantes, el desprecio por las organizaciones internacionales, el rechazo al cambio climático y la normalización de la violencia bajo el argumento de defensa nacional. Para un número creciente de católicos, este contexto no representa una opción política legítima, sino una contradicción directa con los principios de la doctrina cristiana.

El contraste con la comunidad evangélica resulta evidente. En amplios sectores de este grupo, el respaldo a Trump se justifica en la protección de la agenda conservadora frente a temas como el aborto, la unión civil y la educación sexual. En esta lógica, la noción de “pro vida” se prioriza selectivamente, incluso cuando ello implica guardar silencio frente a denuncias de violencia estatal, abusos policiales o el respaldo a políticas que organismos internacionales califican como genocidas. La fe se convierte así en un instrumento político donde el llamado “mal menor” justifica abusos, denuncias y, en algunos casos, la defensa explícita de discursos autoritarios.  

En cambio, en el catolicismo, esta lógica encuentra mayor resistencia. La idea de que la fe pueda – o deba – subordinarse por completo a un líder político genera cierta incomodidad interna.    Es por esta razón que diversos obispos, teólogos y organizaciones católicas han criticado públicamente las políticas migratorias de Trump o su retórica racista, aún cuando ello implique tensiones con sectores conservadores dentro de la propia Iglesia.

Sin embargo, este rechazo también podría explicarse en la divergencia estructural. A diferencia del catolicismo, la comunidad evangélica carece de una autoridad central que ostente tanto poder como el Papa. En ausencia de una jerarquía unificada, el discurso religioso se adapta con facilidad al proyecto político dominante. El catolicismo, con todas sus contradicciones, conserva una tradición institucional y doctrinal que dificulta – aunque no impide – una fusión total entre la fe y el caudillismo político.

Mientras comunidades evangélicas estadounidenses – y peruanas – han optado, en gran medida, por blindar a Trump frente a toda crítica ética, el catolicismo muestra una grieta significativa, donde una parte de sus fieles y líderes se resiste a sacrificar principios universales en nombre de una victoria política coyuntural.

En última instancia, esta diferencia revela algo más profundo: para ciertos sectores cristianos, la política sigue siendo un espacio de discernimiento moral; para otros, se ha convertido en una batalla cultural donde todo vale. Y es precisamente allí donde el apoyo acrítico a Trump deja de ser una opción religiosa para transformarse, simplemente, en un dogmatismo ciego.  

Lea también

Actualidad

Entre interpretaciones del Apocalipsis y teorías sobre OVNIs, estos textos buscan tender un puente entre la fe y el conocimiento científico.

Actualidad

Víctimas acusan al entonces obispo de Chiclayo de presunta inacción ante denuncias contra sacerdotes señalados por abusos y acoso.

Opinión

Cuando el mensaje cristiano predica amor y se práctica la discriminación.

Actualidad

En medio del complejo escenario político que atraviesa el Perú, una situación crítica, aunque poco visibilizada, plantea profundas cuestiones éticas y religiosas: el posible...