El lunes 6 de abril, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que todo Irán podría “ser aniquilado” en tan solo una noche si es que no se garantiza la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, que ha permanecido parcialmente cerrado tras el inicio de los ataques estadounidenses e israelitas del pasado 28 de febrero.
Las palabras de los líderes políticos, en especial de aquellos cuyas naciones oscilan armas nucleares, son actos con consecuencia. En este sentido, las palabras del presidente Trump han encendido fuertes alarmas a nivel internacional. ¿Acaso estamos siendo testigos de una amenaza implícita del uso de la bomba atómica?
— USA en Español (@USAenEspanol) April 7, 2026
Hablar tan tranquilamente de “aniquilar” a un país no debe interpretarse como una expresión connotativa o recurso discursivo. En cambio, es una formulación que remite a la destrucción total de una civilización, a un escenario de guerra total cuyas consecuencias recaerían inevitablemente sobre millones más de noventa millones de civiles.
Además, este tipo de amenaza se inscribe en un escenario profundamente conflictivo, donde Estados Unidos, Irán e Israel han estado envueltos en tensiones geopolíticas y amenazas del empleo de armamento nuclear.
Israeli Channel 13 has set a countdown clock for Trump's deadline against Iran. pic.twitter.com/CSLcLaGJeA
— DD Geopolitics (@DD_Geopolitics) April 7, 2026
Además, este tipo de discursos no ocurre en el vacío. Se inscribe en una relación históricamente conflictiva entre Estados Unidos e Irán, marcada por sanciones económicas, disputas nucleares y episodios de confrontación indirecta en la región. En ese equilibrio ya frágil, elevar el tono puede traducirse en escaladas difíciles de contener. Es más, la ofensiva militar estadounidense hacia Teherán ha sido fundamentada bajo la supuesta sospecha que este contenía armamento nuclear masivo. Frente a este escenario cada vez más frágil, elevar el tono puede traducirse en escaladas sumamente difíciles de contener.
En igual magnitud, otro elemento inquietante de la amenaza estadounidense hacia Irán es la normalización de la amenaza nuclear como presión política. Así se corre el riesgo de trivializar la violencia extrema como herramienta política. La idea de que una gran potencia pueda amenazar abiertamente con la destrucción de otro país sin recibir sanción o repercusión alguna, plantea interrogantes sobre los límites del lenguaje en la política contemporánea.
Frente a este escenario, Pakistán ha solicitado al presidente Trump que prorrogará su plazo límite y a Irán que aceptará las condiciones de reabrir el estrecho de Ormuz durante las siguientes dos semanas, mientras se busca cerrar un acuerdo de alto al fuego.
El límite establecido para cumplir la amenaza cierra este martes 7 de abril a las 20:00 horas de Washington.