En un escenario político ya tensionado por denuncias de fraude y desconfianza institucional, las recientes declaraciones de Norma Yarrow, congresista y futura senadora por Renovación Popular, introducen un nuevo elemento cada vez más preocupante: la normalización de un discurso abiertamente contrario a los principios básicos de la democracia.
Lo que comenzó como una movilización ciudadana convocada por el partido celeste el pasado 14 de mayo con el objetivo de cuestionar el proceso electoral y exigir su anulación frente al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), terminó evidenciando algo más profundo que una simple protesta política.
Durante la marcha en el Campo de Marte, donde se insistió nuevamente en la narrativa del fraude electoral, Yarrow afirmó que, en caso de que el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, llegue al poder, su partido no dudaría en vacarlo en la primera oportunidad. “Eso lo vivimos en el 2021 y sacamos a ese señor que usaba un sombrero. Hoy, al falso sombrero, lo sacaremos si entra al gobierno”, declaró.
“En el 2021 sacamos a ese señor que usaba un sombrero. Hoy, al falso sombrero lo sacaremos si entra al gobierno”, aseguró la congresista y virtual senadora de Renovación Popular, Norma Yarrow. pic.twitter.com/7PKBoPFpnA
— Epicentro.TV (@Epicentro_TV) May 15, 2026
Esta frase no llega a ser una simple advertencia político, sino que deja en evidencia que el partido Renovación Popular no pretende respetar la voluntad popular expresada en las urnas. Es verdad que nuestra Constitución contempla la vacancia presidencial en el art. 113, pero bajo causales específicas y procedimientos institucionales con la finalidad que este mecanismo sea percibido como ultimo recurso frente a situaciones excepcionales, no como una herramienta política ni promesa anticipada antes que incluso un eventual gobierno comience. La superficialidad y banalidad con la que se aborda el discurso de la vacancia presidencial evidencian la desnaturalización de este mecanismo de control, transformado hoy en un mero instrumento de presión política.
Mientras que en la marcha se proclama “¡Viva la democracia!”, simultáneamente se sostiene una postura que implica desconocer la elección de los ciudadanos en caso que el resultado no sea el esperado ni favorable para Renovación Popular. En este contexto, la democracia pierde su condición de principio sustantivo y su valor fundamental. Ya no se busca defender el Estado de Derecho, sino instrumentalizar las reglas para legitimar una agenda propia.
Renovación Popular instala la idea que el próximo gobierno puede ser removido a voluntad por el congreso por su identidad política, o porque simplemente no responde a los intereses de la mayoría parlamentaria. De este modo, la permanencia de un mandatario queda sujeta al arbitrio del Legislativo y no a sus actos o incapacidad moral, lo que, por consiguiente, refuerza la lógica de inestabilidad política permanente.