Los últimos días no han dejado de reproducir la noticia de la muerte de la deportista Liseth Marzano Noguera (21). Muerte que implicaría a Adrián Villar Chirinos (21), quien habría atropellado a la nadadora el pasado 17 de febrero, en horas de la noche.
Hecho que causó revuelo no solo por la pérdida de la campeona nacional de abnea, sino por el vínculo entre el joven y la periodista de Willax, Marisel Linares Chávez. Quien se pronunció en menos de 24 horas, negando vínculos con el accidente ocurrido, pese a que el vehículo que acabó con la vida de Marzano estaba a su nombre.
La periodista afirmó que si bien el auto figura como su propiedad, este no se encontraría bajo su poder desde setiembre del 2025:
“Con mucho pesar, he tomado conocimiento de que un vehículo registrado a mi nombre, protagonizó un terrible accidente de tránsito que causó la muerte de la joven Lizeth Marzano Noguera”, publicó en su cuenta de Instagram.
“Quiero dejar en claro que ese auto, desde septiembre del año pasado, ya no está a mi poder, sino en el de una tercera persona, quien enfrentará el proceso que corresponda. Reitero que yo no manejaba ese vehículo. Mis más sinceras condolencias a la familia”, cerró el post.
Afirmando ser dueña del vehículo, pero sin revelar el nombre del conductor quien iba tras el volante la noche de la muerte de la deportista. Ya que para ese punto de las investigaciones se sabía que Marzano había sido atropellada en el distrito de San Isidro, sin embargo, se desconocía el nombre del conductor, ya que este habría salido a la fuga. Cometiendo el delito de encubrimiento personal.
A partir de la información del vehículo, es que salió a la luz el nombre de Villar, ya que Linares no se lo dijo a la Policía Nacional de Perú. Asimismo, se reveló que el joven no se sometió al dosaje etílico y, tras más de una semana del accidente, recién fue detenido de manera preliminar.
A partir de esto, los medios dieron a conocer las imágenes de las cámaras de seguridad del distrito de San Isidro, la noche del accidente, en donde no sólo aparece Adrián Villar, sino que este se habría reunido con Linares, con su padre, Rubén Villar, su enamorada Francesca Montenegro y el papá de ésta, el abogado Juan Montenegro. Por lo cual habría pruebas de que todos los mencionados habrían estado al tanto de los hechos, y sin embargo nunca se comunicaron con la Policía.
De acuerdo al portal de La República, tras la difusión del caso por la muerte de Marzano, varios de los implicados han enfrentado consecuencias judiciales y públicas. Adrián Villar, conductor del vehículo, fue detenido preliminarmente por 72 horas luego de permanecer varios días no habido, mientras es investigado por presunto homicidio culposo, omisión de socorro y fuga.
En el ámbito mediático, la influencer Francesca Montenegro, vinculada sentimentalmente con Villar, perdió contratos comerciales y fue apartada de su emprendimiento tras la polémica. Además, confirmó el fin de su relación. Su padre, el abogado Juan Montenegro, es evaluado por el Colegio de Abogados ante un posible encubrimiento.
Por su parte, Marisel Linares, madrastra de Villar y propietaria del vehículo, también es investigada y fue separada de su espacio televisivo en Willax. Sin embargo, lo que se le viene a la periodista puede ser peor.
No solo será un proceso judicial o mediático, sino, sobre todo, un examen público de coherencia. En el periodismo la credibilidad es el capital más valioso. Y ese capital no se pierde únicamente por un delito probado, sino también por la percepción de encubrimiento, silencio oportuno o doble estándar.
Cuando la vida privada irrumpe en la esfera pública, el conflicto no es sentimental, es ético. ¿Puede un periodista exigir transparencia a autoridades mientras guarda silencio frente a hechos que involucran a su propio entorno? ¿Dónde termina el derecho a la vida privada y dónde empieza la responsabilidad profesional? La línea es delgada, pero existe.
El problema no es tener un vínculo familiar con alguien investigado. El problema es cómo se actúa frente a ello. Si hay colaboración con la justicia, claridad en las versiones, la credibilidad puede sostenerse. Pero si se percibe protección, relativización o manejo del relato, la percepción pública pasa factura.














