Bethel TV Noticias, canal que se presenta como defensor de los valores cristianos, ha intensificado un discurso abiertamente islamofóbico que contradice no solo los principios democráticos que la sociedad peruana defiende, sino que también cualquier noción de libertad religiosa. Sus programas recientes han recurrido al uso de generalizaciones peligrosas, asociaciones falsas y narrativas creadas para infundir miedo que no solo desinforman, sino que también alimentan prejuicios contra toda la comunidad.
Lo más preocupante es que dicha retórica se expresa desde un espacio religioso que se autoproclama moralmente superior, como si la intolerancia fuera compatible con la fe cristiana.
Cuando la desinformación se usa como arma: el alcalde de Nueva York como “terrorista potencial”
En uno de sus programas, el presentador Juan Diego Berna realizó una de las declaraciones más irresponsables que puede emitir un medio de comunicación: comparó al nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, con Adolf Hitler, basándose únicamente en su fe musulmana.
“Hoy ya no está el alemán, bigotón, Adolf Hitler a través de la nación alemana, pero ha llegado por ejemplo Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York, abiertamente musulmán y abiertamente antisemita”
Juan Diego Berna
Para reforzar esta asociación falaz, Berna llegó declaró que Mamdani pertenece a una religión que “comulgaban los terroristas que se bajaron las Torres Gemelas en el 2001”. Esta afirmación es doblemente falsa ya que ni Mamdani ha manifestado posturas antisemitas —por el contrario, ha recibido respaldo de comunidades judías progresistas— ni existe relación directa entre él que practica el islam y los atentados cometidos por una organización radical hace más de veinte años. El mensaje central es claro: se culpa colectivamente a millones de personas por un crimen que no cometieron. Esta lógica es idéntica a la del racismo y la xenofobia, pues atribuye a un grupo entero un estigma basado en la conducta de una minoría violenta.
Esto no representa un análisis político ni religioso, es propaganda religiosa hostil. Se plantea que cualquier musulmán, por el hecho de serlo, es sospechoso de actitudes o ideologías terroristas, y que la fe islámica es inherentemente violenta.
Bajo esta misma falacia de generalización apresura, ¿serían todos los cristianos responsables por los diversos y sangrientos atentados del Ku Klux Klan? ¿Las mujeres y niños deberían temer a todos los sacerdotes por los escándalos de abuso sexual que sacuden la Iglesia Católica? ¿La comunidad LGBT debería temerles a los cristianos por los diversos atentados y crímenes de odio llevados a cabo en nombre de Dios? ¿Los judíos deberían ser responsabilizados y perseguidos por los abusos cometidos por Benjamín Netanyahu?
La narrativa de Bethel TV no solo es ingenua, sino que sirve para crear un enemigo religioso útil, reforzar la cristiandad como identidad militante y presentar a los musulmanes como una amenaza a la civilización peruana. Recordemos que el fundamentalismo religioso no es exclusivo del islam; existe en todas las tradiciones, incluso en la cristiana.
La demonización del islam en el Perú: teorías conspirativas sin sustento
Otro elemento recurrente en la programación del canal es la mezcla de religión, geopolítica y crimen organizado para construir una narrativa conspirativa: el Perú estaría siendo “infiltrado” por musulmanes. Se afirma, sin evidencia alguna, que “en el sur del Perú hay influencia del islam chiita”, que “peruanos convertidos al islam están vinculados a la minería ilegal”, y que esta religión estaría siendo impulsada por Irán en coordinación con movimientos y gobiernos de extrema izquierda, como el de Nicolás Maduro.
La realidad es que la comunidad musulmana en el Perú sigue siendo mínima, sin alcanzar mayores porcentajes. Por lo que su presencia no representa “amenaza” alguna. Pero incluso si creciera, ese crecimiento no podría ser interpretado como una señal de peligro. Religión no es sinónimo de crimen. Atribuir violencia, pedofilia o terrorismo a una fe entera es replicar estigmas que históricamente también han afectado al cristianismo.
De hecho, si Bethel aplicara sus mismos criterios al catolicismo, tendría que reconocer que los mayores escándalos de abuso sexual en el país han sido cometidos por instituciones cristianas, como el Sodalicio de Vida Cristiana. Y que incluso, todavía en círculos cristianos, el rol de la mujer sigue estando relegado. Hace tan solo una semana, el mismo Bethel TV lanzó un discurso sumamente misógino, y Resurge TV, otro canal conocido por defender los “valores cristianos”, también incurrió en lo mismo. Sin embargo, ese tipo de generalizaciones solo parecen aceptables cuando se trata de atacar al islam.
Equiparar conversiones religiosas con crimen organizado o terrorismo es una táctica clásica de manipulación mediática. En vez de explicar fenómenos sociales con datos, investigación y contexto, Bethel los interpreta desde la sospecha y el prejuicio.
El comunismo y el islam: La Alianza Rojo – Verde
En otro de sus programas, Bethel TV presentó la noción de que existe una alianza entre el comunismo latinoamericano y el “islam radical”, una supuesta “alianza rojo-verde” diseñada para destruir los valores judeocristianos. Se afirma que la izquierda quiere destruir la familia, la meritocracia y la modernidad, y que el islam tiene el mismo objetivo. Esta narrativa no tiene sustento académico. Es un discurso importado de guerras culturales de Estados Unidos y Europa, donde ciertos sectores conservadores han intentado explicar transformaciones globales como resultado de conspiraciones antirreligiosas.
“Una persona de extrema izquierda quiere destruir los valores de la modernidad. Quiere destruir la familia, la meritocracia. Y también el radicalismo islámico quiere destruir el sistema actual. Son aliados naturales. El hecho de que una periodista de extrema izquierda sea simpatizante de Hamás es completamente ilógico. lo que les une es el odio profundo hacia los valores judeocristianos”
Juan Francisco Escobar, invitado a Bethel TV
Además, esta visión ignora que las migraciones musulmanas responden a factores históricos complejos, incluyendo los efectos persistentes del colonialismo europeo en Medio Oriente y el norte de África. Y este es un elemento esencial que Bethel TV ignora o prefiere ignorar. La presencia musulmana en Europa, y la que podría existir en el Perú, responden a dinámicas y factores causales totalmente distintas.
En Europa, la inmigración proveniente de Medio Oriente y el norte de África tiene raíces históricas muy claras ya que es consecuencia directa del legado del colonialismo europeo, del intervencionismo contemporáneo, de las presiones económicas derivadas del neocolonialismo, y de conflictos sociopolíticos y armados como los de Siria, Irak, Afganistán o Libia. ¿Cuál es el escenario? Millones de persones huyen de guerras, pobreza estructural, dictaduras o persecuciones religiosa, y encuentran en Europa un destino accesible por proximidad geográfica y vínculos históricos. En otras palabras, Europa es parcialmente responsable de la migración masiva hacia su continente.
Perú, en cambio, no comparte ninguno de estos factores. Nuestra ubicación geográfica, la ausencia de rutas migratorias naturales y la falta de relaciones coloniales con países de mayoría musulmana hacen imposible que experimentemos procesos migratorios comparables. El mito de que el Perú “se convertirá en una Europa islamizada” es, por tanto, una fantasía importada, diseñada para alimentar miedo religioso y justificar discursos de exclusión, pero completamente desconectada de la realidad demográfica y geopolítica del país.
De igual forma, Bethel TV afirma que los gobiernos latinoamericanos apoyan a Hamás debido a su afinidad política y porque comparten formas de extremismo islámico. Como hemos explicado en otras entradas, esta afirmación es una simplificación peligrosa que proviene de la herencia de la Guerra Fría. Durante este periodo, algunos movimientos palestinos recibieron apoyo de países socialistas, mientras que Israel siempre ha sido resguardada por Estados Unidos y Reino Unido. Esa división consolidó una narrativa que aún persiste: defender a Palestina equivale a ser de izquierda. Cabe señalar que esta visión se ha reforzado en Latinoamérica debido al accionar que ciertos gobiernos con ideologías progresistas que han decidido pronunciarse a favor de Palestina y condenar las violaciones de derechos humanos de Israel.
Reducir el conflicto Israel–Palestina al enfrentamiento entre “capitalismo cristiano” y “comunismo islámico” no solo es impreciso, sino que oculta deliberadamente la tragedia humana que viven millones de palestinos.
Las mujeres musulmanas: entre la realidad y el prejuicio
Una de las afirmaciones más repetidas por Bethel es que “las mujeres en el islam son oprimidas”. Si bien existen países donde las mujeres sufren restricciones sumamente severas – como es el caso de Afganistán – esto no es exclusivo del islam. La opresión de género es un fenómeno global, presente en todas las religiones cuando se interpretan de manera patriarcal y fundamentalista. Bethel presenta al islam como un bloque uniforme, ignorando que existen múltiples corrientes —suníes, chiíes, sufíes, etc. — y comunidades donde las mujeres musulmanas participan activamente en la vida laboral, política y espiritual.
Reducir al islam a una estructura opresiva es invisibilizar la diversidad de experiencias y negar la agencia de millones de mujeres que practican su fe libremente.
Es importante denunciar las violencias y violaciones sistemáticas a los derechos humanos que existen en algunos países de mayoría musulmana, y es necesario ser siempre críticos con prácticas justificadas en tradiciones religiosas que avalan estos abusos. Pero no podemos convertir esas realidades en una condena colectiva contra toda una fe ni usar casos extremos para estigmatizar a millones de personas que viven el islam de maneras diversas, pacíficas y democráticas. Señalar problemas específicos no equivale a criminalizar culturas enteras. La crítica a violencias debe ser rigurosa, no una excusa para promover intolerancia religiosa.
La fe no debe permitir la persecución
En uno de los momentos más preocupantes, los panelistas sugirieron que el Perú debería ser más “duro” con los musulmanes porque existen países donde el Corán se aplica como ley, y en ellos no existe tolerancia religiosa hacia otras confesiones más que la islámica. Sin embargo, esta lógica es profundamente inquietante. Es decir, ¿Cómo algunos Estados islámicos son intolerantes, nosotros también deberíamos serlo?
Esta propuesta contradice principios esenciales consagrados en la Constitución Política peruana: El principio de igualdad ante la ley que establece que nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión u opinión; y el principio de libertad de conciencia y de religión. No hay persecución por razón de ideas o creencias, el ejercicio público de todas las confesiones es libre, siempre y cuando no ofenda la moral ni el orden público. Además, el Perú es un Estado laico, no confesional. Es su deber defender la libertad de creencias en su territorio nacional.
No existe coherencia moral en usar la intolerancia ajena para justificar la propia. Si el Perú defiende la libertad religiosa, entonces esa libertad debe aplicarse también a las minorías.
El problema no es que Bethel TV exprese una perspectiva cristiana; el problema es que la utilice para promover intolerancia religiosa, estigmatización y paranoia. La islamofobia que difunde contradice los valores democráticos, viola la libertad de culto y fomenta un clima de sospecha hacia una comunidad que merece el mismo respeto que cualquier otra.
Lo que Bethel TV promueve es una guerra cultural donde las minorías son convertidas en amenazas imaginarias. Y ahí es donde la religión deja de ser guía espiritual para transformarse en arma política.