Internacional

La inquietante y curiosa relación de Milei con Israel

Entre cantos, ceremonias y abrazos, el rol presidencial parece diluirse en una performance internacional que incomoda más de lo que convence.

Desde que asumió la presidencia en diciembre de 2023, la política exterior del gobierno de Javier Milei ha marcado un giro violento y sin precedentes en la relación histórica de Argentina con Medio Oriente. Lejos de la tradicional postura diplomática de equilibrio, su administración ha optado por un alineamiento explícito con Israel, tanto en el plano político como simbólico.

En este contexto, su reciente visita a Israel no ha pasado desapercibida. En el marco de las celebraciones por el Día de la Independencia israelí, el mandatario argentino no solo participó activamente de los actos oficiales israelíes, sino que también protagonizó momentos sumamente simbólicos como visitar el Muro de los Lamentos y cantar en una ceremonia pública, que reflejan el profundo vínculo político que Argentina tiene con el gobierno de Benjamín Netanyahu.

¿Cooperación, Alineamiento o Fanatismo?

No es la primera vez que Milei viaja a Israel ni participa activamente de múltiples ceremonias judías como la visita al Muro de los Lamentos y encuentros con altos líderes judíos. Sus continuas visitas a este país reflejan la intención de consolidar una relación que combina afinidad ideológica, religiosa y alineamiento geopolítico.  La firma de los llamados “Acuerdos de Isaac”, orientados a fortalecer la colaboración en seguridad, economía y lucha contra el terrorismo, es una muestra concreta de este acercamiento.

Asimismo, durante la visita, se confirmó el establecimiento de vuelos directos entre Tel Aviv y Buenos Aires, presentados como un paso para “estrechar la amistad” entre ambos países y ampliar la cooperación en áreas como economía, tecnología y seguridad.

De igual manera, se volvió a anunciar la intención de trasladar la embajada argentina a Jerusalén, una decisión con fuerte carga política que rompe con la tradicional posición de equilibrio diplomático que muchos países han mantenido respecto al conflicto en Medio Oriente.

Sin embargo, este acercamiento ha traído más críticas que aplausos. Mientras diversos gobiernos de Latinoamérica y de la esfera global han optado por tomar distancia crítica frente a las acciones militares de Israel contra Gaza y el Líbano, Argentina bajo la conducción de Milei se ha posicionado como uno de los pocos países occidentales que ha expresado un respaldo abierto e incondicional. El propio presidente ha manifestado su apoyo a Israel y a Estados Unidos en sus ofensivas militares, enmarcando este posicionamiento en una narrativa de lucha contra el terrorismo. Mientras tanto, su silencio frente a las denuncias sobre el impacto humanitario en la población civil ha sido objeto de críticas tanto en Argentina como a nivel internacional.

Es más, las imágenes y videos de Milei celebrando el Día de Independencia de Israel, abrazando al primer ministro Netanyahu y llorando en el Muro de los Lamentos también, lejos de generar una lectura unívoca de respeto hacia el mandatario, provocaron la burla de la población tanto a nivel local como internacional.

https://evangelio.pe/storage/2026/04/ssstwitter.com_1777071580647.mp4

Estos videos alcanzan un punto casi surreal porque, en medio de un conflicto armado con consecuencias humanitarias devastadoras donde el Estado de Israel es acusado de cometer genocidio por diversas organizaciones internacionales, el mandatario argentino decide cantar, no cualquier canción, sino “Libre” de Nino Bravo. 

El propio Netanyahu, durante una de las ceremonias, expresó su expectativa de que otros países latinoamericanos sigan el camino argentino, destacando lo que calificó como “claridad moral”. Una claridad que, sin embargo, no es compartida por todos. Desde la política argentina, voces como la de Jorge Taiana han advertido que el país podría estar siendo involucrado de manera “imprudente” en conflictos ajenos.

La visita de Milei a Israel se da en medio de tensiones económicas persistentes en Argentina, con una inflación que sigue afectando el poder adquisitivo y una percepción pública en deterioro. Distintos sondeos reflejan un descenso en su respaldo, mientras en redes sociales su figura oscila entre el apoyo fervoroso y la crítica abierta, muchas veces traducida en burlas hacia su estilo y sus gestos en el exterior.

Desde la narrativa oficial argentina, se busca retratar este acercamiento hacia Israel como el establecimiento de una relación estratégica que abre las puertas a la cooperación bilateral, pero para la opinión pública, estos gestos únicamente refuerzan la imagen de una política exterior cada vez más capturada por los intereses de terceros. El alineamiento con Israel y su cercanía con Estados Unidos comienza a proyectar una imagen internacional de un jefe de Estado dispuesto a realizar cualquier acción, incluso a expensas de su propia nación, para alcanzar la apreciación y aprobación de Washington, y en concreto, de Trump.

Y encima uno que lo hace con un entusiasmo que roza la sobreactuación. Nos preguntamos, ¿responde este acercamiento a Israel a una decisión estratégica basada en intereses nacionales o a una afinidad ideológica y personal del mandatario? ¿Se trata de una política exterior pensada en función del interés nacional o de una búsqueda constante de validación por Estados Unidos? ¿Y no será, precisamente, este apoyo acrítico uno de los factores que más está generando rechazo a la imagen de Milei dentro y fuera de Argentina?

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