Esta semana, la noticia de que Israel se convertirá en miembro de la llamada “Junta de la Paz” ha generado un intenso debate público y una creciente indignación internacional. Esta organización privada, impulsada por Estados Unidos, se presenta con el objetivo de “promover la estabilidad” y “asegurar una paz duradera en áreas afectadas por conflictos”. En primera instancia, el propósito declarado de la junta es apoyar la reconstrucción de Gaza tras la ofensiva israelí que comenzó en octubre de 2023, como parte de un plan de paz destinado a aliviar la devastación en la región.
Sin embargo, la simple noción de que Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, forme parte de esta junta directiva ha sido recibida con fuertes críticas, especialmente por aquellos que defienden la causa palestina. La indignación se centra fundamentalmente en el rol que Netanyahu ha desempeñado en la devastación de la Franja de Gaza y en lo que muchos califican como genocidio que, desde octubre del 2023, ha cobrado la muerte de más de 70 mil palestinos. Además, Netanyahu enfrenta una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (CPI) por presuntos crímenes de guerra cometidos en territorio palestino.
A nivel estructural, la Junta de la Paz opera bajo un estatuto que otorga a Donald Trump la figura de miembro vitalicio, con el poder de adoptar resoluciones e iniciativas en su nombre sin necesidad de consultar o obtener la autorización de la junta. Este hecho ha llevado a diversos analistas a sugerir que la creación de esta entidad busca ofrecer una alternativa al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en la que Trump podría ejercer un poder absoluto, dado que no existiría un mecanismo de veto similar al que se encuentra en la ONU.
En cuanto a sus miembros, la junta cuenta actualmente con alrededor de 27 países, entre los cuales se encuentran Argentina y El Salvador. También participan figuras como el ex primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, y el yerno de Trump, Jared Kushner. La composición de la junta, junto con el poder centralizado en manos de figuras tan controvertidas, ha suscitado preocupaciones sobre su efectividad y su real compromiso con la paz.
Cabe señalar que la Junta de la Paz no cuenta con el apoyo de la mayoría de las potencias occidentales, como el Reino Unido, Francia y Noruega. De hecho, cuando Francia anunció su decisión de no unirse a esta entidad, Washington respondió con una amenaza de aumentar los aranceles a productos franceses. Por su parte, Rusia aún está evaluando si se unirá o no a la junta.
El hecho de que Israel, uno de los actores principales en el conflicto palestino-israelí, sea parte de una junta que se supone busca la paz, plantea una contradicción flagrante. La ocupación israelí de los territorios palestinos, la negación sistemática del derecho a la autodeterminación del pueblo palestino, y las políticas de desplazamiento forzoso y expansión de asentamientos israelí en el territorio ocupado de Cisjordania, demuestran que el Estado de Israel no está comprometido con una paz justa y duradera. La participación de Israel en esta junta parece más bien una estrategia para lavar su imagen internacional y consolidar su control sobre los territorios palestinos, todo mientras continúa con su política de ocupación y represión.












