En las últimas semanas, un movimiento juvenil conocido como “therian” ha ganado fuerte visibilidad en redes sociales, generando reacciones que van desde la curiosidad hasta la preocupación entre líderes religiosos, autoridades y sectores de la sociedad.
El término therian proviene de la palabra inglesa therianthropy, que combina raíces griegas que significan “bestia” y “ser humano”. Se refiere a personas —principalmente adolescentes y jóvenes— que expresan sentirse psicológica o espiritualmente identificados con animales no humanos. Este fenómeno se difunde principalmente a través de plataformas como TikTok e Instagram, donde miles de videos con hashtags como #therian están acumulando millones de visualizaciones.

Los contenidos muestran a participantes que caminan en cuatro patas, utilizan accesorios como colas o máscaras, emiten sonidos de animales y realizan comportamientos asociados a especies como perros, gatos o zorros. En varios países de América Latina y Europa se han reportado encuentros virales, convocatorias públicas y reacciones diversas, que han trasladado esta tendencia del entorno digital a espacios públicos.
La reacción de las autoridades y gobiernos locales ha sido variada. En ciudades de Honduras y Guatemala, por ejemplo, varias alcaldías anunciaron la prohibición de reuniones de “therians” en plazas y parques, argumentando preocupaciones sobre el “orden público” y el impacto social de tales encuentros.
En contraste, especialistas en psicología y sociología señalan que esta tendencia no necesariamente representa un trastorno mental, sino más bien una búsqueda de identidad y pertenencia entre jóvenes que encuentran en estos grupos un espacio para expresarse y conectarse con otros. Algunos académicos resaltan que fenómenos parecidos han existido con anterioridad en distintas subculturas, aunque ahora adquieren mayor visibilidad por la amplificación de algoritmos en redes.
El tema también ha generado debate en sectores religiosos conservadores. Líderes cristianos en Argentina han expresado su preocupación porque, según ellos, este tipo de manifestaciones pueden “negar la naturaleza creada por Dios” y confundir a niños y adolescentes sobre su identidad fundamental.
Mientras tanto, la sociedad civil observa reacciones mixtas: desde apoyo a la libertad de expresión y exploración personal hasta humor, escepticismo y críticas sobre si este fenómeno merece tanta atención mediática. Algunas voces, incluso, cuestionan si el debate en torno a los therians podría distraer de problemas sociales más urgentes.
En un contexto donde las redes sociales moldean cada vez más las tendencias culturales juveniles, el fenómeno therian plantea preguntas sobre identidad, libertad de expresión, límites sociales y el papel de los medios en la construcción de narrativas virales.















