Ciencias Bíblicas

Cuando la fe se convierte en instrumento de poder

Lejos de ser un instrumento al servicio del poder, la fe debe conservar su fuerza crítica; aquella capacidad de interpelar, cuestionar y recordar a los gobernantes que ninguna autoridad humana es absoluta.

Durante las últimas dos campañas electorales en el Perú se ha hablado mucho sobre la instrumentalización de la fe cristiana, particularmente cuando esta es utilizada con fines políticos. Sin embargo, si revisamos la historia de la Iglesia cristiana, existen ejemplos significativos de cómo lo religioso podía convertirse en un recurso de legitimación política. Uno de ellos fue el emperador romano Domiciano, en el siglo I d.C., a quien las fuentes antiguas vinculan con la expresión Dominus et Deus (“Señor y Dios”), otorgando a su autoridad una dimensión divina. En el siglo IV, d.C.  con el emperador Constantino, esta relación entre religión y poder adquiriría una nueva dimensión: al conceder libertad de culto a los cristianos, encontró en la religión un elemento capaz de contribuir a la unificación y legitimación de su poder.

En el reciente proceso electoral, esta relación entre fe y política pudo observarse en distintos actores de la escena peruana. Keiko Fujimori recurrió en diversos momentos a crucifijos, rosarios y referencias a Dios, llegando incluso a invocar la idea de que “Dios pone y quita reyes” en medio de la disputa electoral. Rafael López Aliaga, por su parte, incorporó en su discurso referencias de carácter religioso, presentando su candidatura como una misión y utilizando conceptos como “pecado” y “purificación” para conectar con sectores conservadores. Incluso Roberto Sánchez buscó acercamientos con espacios religiosos y figuras como el pastor Anthony Lastra, mostrando cómo la política puede encontrar en estos espacios una fuente de legitimidad y respaldo.

La cuestión, entonces, no debería ser si un creyente puede participar en política. Por supuesto que puede. El problema surge cuando la fe deja de ser una convicción que orienta la conciencia y comienza a convertirse en un recurso para legitimar un proyecto político. Como señaló el arzobispo de Lima, Carlos Castillo: “invocar a Dios en favor de sí mismos es siempre muy peligroso”.

La instrumentalización de la fe en la política ha adoptado distintas formas a lo largo del tiempo, desde la sacralización de la autoridad imperial hasta su utilización como elemento de legitimación de poder. En el contexto político peruano, el desafío consiste en distinguir entre la legítima expresión de la fe de un candidato y su utilización como recurso de legitimación política. La fe no debería convertirse en un instrumento del poder, sino conservar su capacidad de interpelarlo, cuestionarlo y recordarle que ninguna autoridad humana es absoluta.

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