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Bethel TV Noticias vuelve a desinformar sobre el feminismo

La persistente campaña de desprestigio del canal carece de sustento técnico y oculta las brechas de género reales. Distorsionar una lucha basada en cifras oficiales no es libertad de opinión; es un peligro para las víctimas.

En una reciente emisión, conductores de Bethel TV volvieron a posicionar una narrativa distorsionada sobre el feminismo en el Perú. Esta vez, caracterizaron al movimiento como una corriente orientada a “destruir al hombre”, “promover la culminación de la vida” y “acabar con la familia”. Estas afirmaciones, lejos de contribuir al debate público, evidencian una lectura estrictamente ideológica que simplifica, caricaturiza y desinforma sobre uno de los movimientos políticos más importante de las últimas décadas.

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La falacia del «respaldo automático» y la falsa sororidad

El detonante de esta última oleada de críticas fue la elección de Keiko Fujimori como la primera presidenta peruana electa. Durante el programa, los conductores Grecia Oré y Juan Diego Berna cuestionaron con vehemencia la ausencia de colectivos feministas celebrando el hito, insinuando que este silencio demostraba una incoherencia doctrinal o respondía a una «agenda» ajena a los intereses de las mujeres. “¿hoy donde están aquellos que podrían estar celebrando que la primera mujer llegue al sillón presidencial? ¿Dónde está Promsex? ¿Dónde están las ONG?”, señalaron enérgicamente. En esta misma línea, el conductor afirmó que estos colectivos “no buscan defender a la mujer”, sino “su propia agenda internacional” la cual – según indica – se resumen en tres objetivos: “justificar cualquier acto en contra del hombre por el simple hecho de ser hombre”, “la culminación de la vida” y “la destrucción nuclear de la familia”.

Parte de la crítica de Bethel TV Noticias parte de la premisa profundamente errónea que considera al feminismo como un “club de amistad” entre las mujeres o un pacto de impunidad que debe respaldar incondicionalmente a cualquier mujer, independientemente de su historial político o ético. En este contexto, los conductores confunden deliberadamente el concepto de “sororidad”.

Sin embargo, en realidad este concepto busca promover una alianza ética entre las mujeres frente a la desigualdad y la violencia de género. Entonces, no constituye ninguna obligación de apoyo político ciego a cualquier candidata por el simple hecho de ser una mujer. La sororidad implica, por ejemplo, rechazar que una mujer investigada por corrupción o delincuencia sea atacada con insultos misóginos o sufra abusos en prisión, pero jamás exige que quede exenta de la justicia o de la crítica política.

Por lo tanto, la ausencia de celebraciones ante la gestión de Fujimori no es una contradicción, sino una postura política coherente. ¿Por qué el feminismo debería celebrar a una figura que ha negado sistemáticamente las esterilizaciones forzadas ocurridas durante el gobierno de su padre, cuya bancada ha votado a favor de iniciativas que reducen los derechos de las mujeres y que ha defendido agendas que precarizan la vida femenina?

El feminismo no premia el género; evalúa las acciones; por ende, ser mujer no te exime de la crítica ni la responsabilidad política.

En este escenario, tal vez deberíamos cuestionarnos que exactamente representa políticamente la figura que ha llegado al poder.

El mito de la «superioridad femenina» y la alarmante falta de datos

Esta insistencia en pintar al feminismo como un enemigo del varón no es un hecho aislado Bethel TV Noticias, sino un patrón reiterado de prejuicios. En transmisiones anteriores, el conductor Juan Diego Berna ya había manifestado su incomodidad ante el lenguaje inclusivo de decir “todos y todas” utilizado por el presidente chileno Gabriel Boric, afirmando que este respondía a una “avalancha de ideologías” que buscan imponer la idea de que “la mujer es superior al varón”.

Es aquí donde el discurso de Bethel TV se desploma por completo bajo su propio peso, debido a su absoluta falta de rigor y evidencia estadística. Al afirmar que el feminismo busca la «superioridad de la mujer» o la «destrucción del hombre», los conductores lanzan acusaciones al vacío sin un solo indicador, cifra o estudio que los respalde. No existen datos de organismos oficiales (como el INEI o el Ministerio de la Mujer), ni investigaciones sociológicas globales que demuestren que los derechos conquistados por las mujeres hayan mermado, precarizado o sometido legalmente a los varones. 

Muy por el contrario, los únicos indicadores reales y medibles apuntan a una realidad diametralmente opuesta donde la brecha salaria sigue siendo una constante en la sociedad peruana, con un promedio de 24% menos de ingresos que los hombres por el mismo trabajo; o que las mujeres dedican casi el doble de horas semanales no remuneradas a las tareas del hogar y al cuidado de dependientes en comparación con los varones; o que nuestro país registra tasas alarmantes de feminicidios y denuncias por violencia física y sexual donde las victimas son mayoritariamente mujeres y niñas.

El feminismo se sostiene sobre estas estadísticas de desigualdad para exigir equidad, no superioridad. Exigir derechos humanos fundamentales no le quita derechos a nadie más. Mientras sigan existiendo estas brechas estructurales, el feminismo seguirá siendo necesario.

El peligro real de difundir un discurso de odio

Reducir el movimiento social a una supuesta “agenda internacional de destrucción nuclear de la familia” que busca “destruir al hombre” es una irresponsabilidad mediática mayúscula, en especial cuando no se está haciendo un análisis, sino reproduciendo consignas ideológicas. Que un medio de comunicación construya un enemigo ficticio a partir de dogmas demuestra no solamente una falta de profesionalismo y desinformación alarmante, sino también un escenario sumamente peligroso para las víctimas de violencia de género en el Perú.

Al sembrar desconfianza hacia los colectivos feministas y las ONG que defienden los derechos humanos, estos discursos desincentivan la denuncia, deslegitiman los canales de apoyo psicológico y legal, y justifican la hostilidad hacia las mujeres que alzan la voz. En un país donde la violencia de género es una problemática estructural y mortal, distorsionar la realidad de esta manera no es ejercer la libertad de opinión, sino una negligencia que perpetúa el peligro para miles de ciudadanas.  

Sin embargo, pareciera que a estos entrevistadores poco les importa brindar información verídica y prefieren emplear deliberadamente prejuicios con tal de defender una agenda política. Al final, lo único que logran es expandir desinformación entre la ciudadanía, reducir el debate público y promover el rechazo a las iniciativas feministas en el país.

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